El Bestiario

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

Acomodarse uno a la locura de las libertades no es tarea fácil, a todas luces, Miguel de Cervantes nos marcó el camino, siglos ha. Y lo sigue haciendo con un director del Instituto de la Cultura y las Artes de Cancún, sospechosamente llamado y apellidado Fernando Cervantes Quijano…

Con sus ‘locuras’ de ruptura con el orden establecido, de inversión de la cotidianidad, de ocultación, equívoco y fantasía; estos días de ‘familiaridad’ y ‘leyes secas’ en el Caribe Mexicano, emuladores de Río de Janeiro, Venecia, Barranquilla, Santa Cruz de Tenerife, Colonia, Cádiz…, ojalá sirvan de catarsis temporales y animen a los ‘quijotes’ a no enfrentarse a los molinos sino a las metáforas del vivir; acomodarse uno a la locura de las libertades no es tarea fácil, a todas luces, Miguel de Cervantes nos marcó el camino, siglos ha; en mi juventud estaban prohibidas estas “fiestas endemoniadas’ por orden del dictador Francisco Franco, puntualmente asesorado por la Iglesia de aquella época; los ‘pecados de la carne’ eran los argumentos eclesiásticos, a pesar de que el cardenal primado, Pedro Segura, cuentan las leyendas urbanas de la época, fue padre de un niño parido por una marquesa y mojigata de Sevilla; los ‘Aratusteak’ -carnavales en el País Vasco- hicieron oídos sordos a las amenazas franquistas, sobre todo en Navarra; Pío Caro Baroja aprendió cine en México, y nos legó un documental, ‘El carnaval de Lanz’, un santuario de libertad, desmadre, jolgorio, alegría, transgresiones, delirios, e incluso de pasiones inventadas.

Los soberanos del Carnaval Cancún 2018, “Caribe y Sol”, fueron presentados oficialmente esta semana a los medios de comunicación en evento en el que se dio a conocer el talento artístico que amenizará las fiestas carnestolendas en Benito Juárez y que darán inicio el próximo 9 de febrero. Actos similares están sucediendo en el resto de los municipios de Quintana  Roo, en este 2018 electoral, que se ha iniciado con la invasión de cientos de políticos dementes, que nos aburren con sus consignas y broncas al resto de los mortales. Este es todavía un país habitable gracias a que los científicos, médicos, maestros, empresarios y tenderos no se comportan como los mal leídos de Nicolás Maquiavelo y su ‘El Príncipe’ y Max Weber y su ‘El Político y el Científico’…

 

Por fortuna México es todavía un país habitable, los científicos, médicos, maestros, empresarios y tenderos no se comportan como los candidatos

Si los científicos se dedicaran a desacreditar los descubrimientos que realizan otros equipos de investigación y por principio solo aceptaran los avances de la ciencia que salen de su propio laboratorio, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con la ideología, ¿no estaría la ciencia todavía en poder de la fe o incluso de la Inquisición? Si los médicos en lugar de curar enfermos, se pasaran el día metiéndose zancadillas mutuamente por los pasillos del hospital y cada uno pusiera en duda la honestidad y la competencia de otros colegas, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con sus adversarios, ¿acaso no causaría terror ponerse en sus manos? Si los farmacéuticos proclamaran que las medicinas que expende la farmacia de la otra esquina pueden causar daños irreparables a la salud, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con el programa de otros partidos, ¿quién sería el estúpido que les confiara una receta? Si los maestros, lejos de transmitir un conocimiento libre y sosegado, optaran por envenenar el cerebro de los alumnos con bajas pasiones, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con el patriotismo, ¿no estaríamos todavía en la caverna?

Si los tenderos de los tianguis de las regiones, abarrotes de las avenidas Talleres, de las plazas Malecones América y Kukulkán en lugar de vender sus mercancías a un precio razonable, se pasaran el día de juzgado en juzgado, de cárcel en cárcel, es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con la corrupción, ¿no sería el comercio lo más parecido a una escuela de malhechores? Si un empresario se viera obligado a aceptar a un ejecutivo cuyo talento fuera similar al de la mayoría de nuestros políticos, ¿no estaría temblando ante la probable quiebra de su negocio? Por fortuna este es todavía un país habitable gracias a que los científicos, médicos, maestros, empresarios y tenderos no se comportan como los políticos. Los Carnavales, anunciadores de próximas Cuaresmas y campañas electorales, aportan sus dosis de cordura en medio del desmadre…

 

Fernando Cervantes Quijano, aunque no lo quiera reconocer, suena a un agente de inteligencia infiltrado por su antepasado Miguel

El director del Instituto de la Cultura y las Artes de Cancún, Fernando Cervantes Quijano, enfatizó que estas fiestas han sido cuidadosamente planeadas bajo la instrucción del Presidente municipal Remberto Estrada Barba, de dignificar las actividades culturales y ofrecer un espectáculo que permita la convivencia y el disfrute familiar. De esta manera fueron presentados los soberanos del Carnaval Cancún “Caribe y Sol” 2018, reyes infantiles Samanta I y Gael I; reyes juveniles Naydelin I y Alan I; Reyna del Carnaval Cielo I y Rey de la Alegría Alejandro I; reyes de la diversidad sexual Mariana I y Jesús I. De igual manera se dio  conocer el elenco artístico que animará las fiestas y dentro de los que se encuentran Junior Klan, el viernes 9 de febrero; el comediante Pier David, el sábado 10 de febrero; los Super Lamas, el domingo 11 y Celso Piña el 13 de febrero, entre otros.

Cervantes Quijano dijo que la logística ya se encuentra lista para brindar un espacio ordenado y seguro a los asistentes y para lo cual se cuenta con la colaboración de las más de 25 dependencias involucradas para llevar a buen término este tradicional festejo, el cual ya es promocionado a través del Turibús que realiza un recorrido con los Soberanos abordo en la zona hotelera y centro de la ciudad. En la conferencia de prensa se contó también con la participación del Oficial Mayor del Ayuntamiento de Benito Juárez, Héctor Contreras Mercader; el director de la Policía Preventiva, Víctor Hernández Oliva; la directora de Comunicación Social, Adriana Mézquita Romero; de la directora de Eventos Artísticos y Culturales, Gloria Collí y de Axel Estrada, director de Fomento y Desarrollo Cultura.

Fernando Cervantes Quijano, aunque no lo quiera reconocer, suena a un agente de inteligencia infiltrado por su antepasado Miguel. Alonso Quijano es el nombre del hidalgo Quijote, protagonista de la novela Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes, que ya al inicio de la obra explica que Alonso Quijano “quiso ponerse nombre a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote. [...] Quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de su patria y llamarse ‘don Quijote de la Mancha’, con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba”.​ Otros nombres o apodos de Alonso Quijano que van apareciendo a lo largo de la narración son: el Caballero de la Triste Figura, que le pone su propio escudero Sancho Panza , o el Caballero de los Leones, con el que se autotitula don Quijote tras su hazaña con los leones (segunda parte, capítulo XVII). Finalmente, en su pueblo se le concede el apellido de Alonso Quijano, el Bueno.

En el capítulo XXXIX (39) de la Primera Parte (1605) de la novela, el propio don Quijote dice que desciende de la alcurnia de “Gutierre Quijada”, por línea recta de varón -en cuyo caso su nombre correcto sería Alonso Quijada-, señor de Villagarcía de Campos (pueblo imaginario), descendiente de una familia de caballeros, y bisabuelo de Luis Quijada, mayordomo del emperador Carlos V, el cual tuvo en su castillo a ‘Jeromín’, apodo de don Juan de Austria, hasta que el emperador le reconoció oficialmente y pasó a la corte con su hermano Felipe II. En cuanto al físico, Cervantes describe así a Alonso Quijano: “Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro” (primera parte, capítulo I).

 

Más que el de un loco, es un visionario que, pese a sus alucinaciones, tiene momentos de lucidez mental en los que dice cosas muy sensatas

En el capítulo XIV de la Segunda Parte (1615), será el bachiller Sansón Carrasco quien lo describa como “hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y avellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña y algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos. Campea debajo del nombre del Caballero de la Triste Figura y trae por escudero a un labrador llamado Sancho Panza; oprime el lomo y rige el freno de un famoso caballo llamado Rocinante, y, finalmente, tiene por señora de su voluntad a una tal Dulcinea del Toboso, llamada un tiempo Aldonza Lorenzo”. El apodo de Caballero de la Triste Figura se lo puso Sancho después de “mirarlo un rato a la luz de aquella hacha que lleva aquel malandante, y verdaderamente tiene vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamás he visto; y débelo de haber causado, o ya el cansancio de este combate, o ya la falta de las muelas y dientes” (primera parte, capítulo XIX).

Su perfil psíquico, más que el de un loco, es el de un visionario que, pese a sus alucinaciones, tiene momentos de lucidez mental en los que dice cosas muy sensatas. En el fondo, su relativa locura no es mucho mayor que la del resto de personajes que pasan por personas normales. Además, posee una gran imaginación, con la cual modificará la realidad a su antojo para poder realizar su sueño de ser un gran caballero andante. Los personajes de la obra conllevan la unión de los contrarios, lo que los hace vacilar al fluctuar entre una característica de su personalidad y su opuesta. Esta oposición provoca una tensión dramática en sus conciencias. Dicho rasgo se manifiesta principalmente en el héroe, que es loco -en cuando a su falta de adecuación entre la realidad y la ficción caballeresca- y cuerdo, cuando no se trata de caballerías. Por otra parte, su misma locura lo lleva a desarrollar una grandeza idealista. Es, además, necio y, al mismo tiempo, sabio. Alonso Quijano murió, pero don Quijote continúa vivo; ahora mismo está en algún lugar, disfrazado de hombre de nuestro siglo, confundiendo tal vez el reflejo de un tubo de neón con el plateado resplandor de un prodigioso cometa... Si le encontráis, por favor, no os burléis de él...

 

‘Pecados de la carne’ eran argumentos eclesiásticos para prohibir estas fiestas en España, a pesar de que el cardenal primado Pedro Segura…

“Pueblo chico, infierno grande”, dice el refrán. “Pueblo pequeño, gran carnaval”, dicta la experiencia. Muchos de los carnavales más interesantes en el mundo se celebran en localidades de menos habitantes. En ellas adquiere su sentido más profundo de ruptura con el orden establecido, de inversión de la cotidianeidad, de ocultación, equívoco, fantasía... En ocasiones, los protagonistas superan en número a los espectadores; y es entonces cuando las fiestas populares muestran su más auténtica carta de naturaleza. Y su rostro más apasionante. En mi juventud, allá por los 70 del pasado siglo, estaban prohibidas estas “fiestas endemoniadas’ por orden del dictador Francisco Franco, puntualmente asesorado por la Iglesia de aquella época. Los ‘pecados de la carne’ eran los argumentos eclesiástico, a pesar de que el cardenal primado, Pedro Segura, cuentan las leyendas urbanas de la época, fue padre de un niño parido por una marquesa y mojigata de Sevilla. Eran tiempos de aristocracias decimonónicas, de edictos moralizantes y prohibitivos para la plebe. Había que marcar diferencias.

El caudillo, sin embargo, natural de El Ferrol, en la Coruña de Galicia, golpista nato, no confiaba en los ‘gallegos’, adictos a las conspiraciones históricas. Y los ‘Aratusteak’ -carnavales en el País Vasco- hicieron oídos sordos a las amenazas franquistas, sobre todo en las zonas rurales, como Lanz. En esta localidad del norte de Navarra situada entre los valles de Ulzama y Anué se representa la captura y ajusticiamiento -es quemado- el mítico y legendario bandido Miel Otxin. Pío Caro Baroja, sobrino del escritor de la Generación del 98, Pío Baroja, aprendió cine en México, y nos legó un documental, “El carnaval de Lanz”, una reliquia que data de 1964. En aquellos tiempos buscábamos estos pequeños santuarios de libertad, desmadre, jolgorio, alegría, transgresiones, delirios, e incluso de pasiones inventadas.

 

Don Quijote decidió cambiar la realidad de los libros por la irrealidad de la vida, mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito

“Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme”, me comentaba el jefe de Salud Mental de Eibar, en Gipuzkoa, País Vasco, Pablo Gallastegui. Esta gentil declaración de este psiquiatra encierra, me parece a mí la más fina y sutil interpretación de Cervantes. Porque don Quijote no está loco y Cervantes mucho menos, eso lo sabemos desde el principio del libro. Don Quijote es hidalgo cincuentón y soltero que, llegado a ese ápice de la vida, decide pegar el salto cualitativo y cambiar la realidad de los libros por la irrealidad de la vida, mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito. Don Quijote principia, o casi, por hacer realidad una metáfora, los molinos que se parecen a los gigantes, y arremete contra una realidad literaria que le desbarata, como tantas otras le van a desbaratar a lo largo de su nuevo camino. Pero aprendamos esto: que don Quijote nunca se enfrenta sino contra metáforas del vivir. La locura empieza con la realidad y no antes.

Pablo Gallastegui, freudiano y lacaniano, por entonces, sin tanto neurólogo marcando cátedra como hoy, vio bien que el hombre en madurez o pega ese salto que digo o le toma ya la postura a la vida, que es la muerte, y no dará más de sí. Don Quijote acierta con ese momento en que se cambia de vida, de cabalgadura, de compañía -Sancho Panza- de curas y bachilleres, de dueñas y sobrinas, del mismo sol en los mismos escenarios de novelas de caballerías. Los libros que leía en las librerías ‘Ghandi’ de entonces, limitados a castillos y conventos, le estaban hurtando a la poesía de la acción con la poesía poética y mala de la dicción. Así que incluso se inventa, entre las pasiones militares y andantes, una nueva pasión amorosa. Es la primera lección que Cervantes nos da en su libro.

El ‘Manco de Lepanto’ es quien rompe con la mediocridad de su vida, pálidamente enaltecida de glorias bélicas, para emprender un libro donde está su rabia por el mundo, su energía al fin liberada al servicio de sí mismo, no ya la energía domeñada y servil del alcabalero y otras suertes. Cervantes es irónico por anacrónico. Ha empezado tarde su aventura y lo sabe. El Quijote de la Mancha no es el libro que vive sino la vida que no ha vivido, y no nos pone a su personaje como ejemplo de nada ni hidalguía de nadie, sino como caso singular de hombre que se decidió a pegar el salto y ese salto quien lo pega es él mismo en figura de Quijote, e incluso se lo hace pegar a un pobre borriquero hecho de perezas y conformidades, siendo así que Sancho nunca pierde el sentido, ese inútil y pobre sentido común del pueblo, pero tampoco pierde la ironía y la distancia para burlarse de su amo, eso sí, con todos los respetos. Don Quijote entra en su nueva edad como un escándalo y Sancho pasa todas las aduanas como un saco de centeno.

Tenemos, entonces, el salto desdoblado en tres. Cervantes que roba la fama con un libro, don Quijote que toma por asalto la libertad del vivir más allá de la edad y la voluntad. Sancho, que primero a regüeldo -con ruidos estomacales y eructos- y luego a pleno pulmón, vive vida de caballero andante sin haber leído tales libros. Es la primera rebelión española del intelectual aburguesado, la primera revolución burguesa del hidalgo antecedente y el primer motín del castellano pueblo, un motín de uno solo, Sancho, que vale por todos los que vendrán. Aún hoy, y hoy más que nunca, el hombre que no hace esa revolución interior, que no pega ese salto vecinal, será comido por el poder, amortajado por lo establecido y muerto de asco…

 

‘El Chapo’ tiene en su celda estadounidense a Don Quijote, “en un lugar de Sinaloa, de cuyo nombre no quiero acordarme…”

Hay tres razones para ser héroe, como diría el pintor catalán surrealista Salvador Dalí, quien carcajea desde la eternidad con ‘el procés’ de Cataluña queriéndose separar de España y la Unión Europea. En Cervantes, estas razones son el inventarse pasiones, la capacidad de ejercitarse contra el tiempo y el haber roto con el compromiso burgués de la novela y de la vida. El hombre que se inventa pasiones es tan héroe o más como el que las vive. El hombre que se ejercita a diario, no sabemos si para la vida o para la muerte, es el que quiere agotarlo todo aquí y, como decía Juan Ramón Jiménez, que la muerte cuando llegue, sólo encuentre un pellejo vacío, porque nuestra sementera humana la hemos esparcido fecundamente. Queremos a Cervantes no tanto por ilustre como por hombre medio que roza irónicamente el fracaso para triunfar de la España oficial con su España real.

‘El ingenio Hidalgo’ comparte celda con El Chapo. Joaquín, sesentón, debe cambiar la irrealidad de su vida por la realidad de los libros y volver más tarde al mundo “mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito”, que narra Voltaire en su “pacto social” de tolerancia… ‘El Chapo’ Guzmán tiene en su celda estadounidense a “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes. Desde que fuera recapturado un 8 de enero e ingresado en el penal de máxima seguridad de “El Altiplano”, las autoridades le entregaron el clásico literario, porque llegó “cansado y deprimido de estar huyendo”. “Le ofrecimos ‘El Quijote’, creemos que es un libro excelente y tenemos que empezar a darle este tipo de nociones”. Los prepotentes carceleros subestimaron al narco, protagonista de su propia novela de caballerías del lejano 1605 como ‘El ingenioso Hidalgo, don Quijote de la Mancha’, en un lugar de Sinaloa, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Es el tipo de narco mexicano clientelar; el personaje de don Epifanio Vargas, el narco de la novela “La Reina del Sur”, del escritor español Arturo Pérez Reverte, se basa en tipos como él. El narco ha cambiado. Era un narco más patriarcal, menos violento, más clientelar en el sentido padrino, más orientado a proteger a una clientela en la que se amparaba. Pero al caer los grandes capos de la droga entraron los sicarios a repartirse el “pastel”, de forma más violenta y sangrienta.

Cuando escribe Arturo Pérez Reverte su novela en el 2002, todavía era posible encontrar aspectos amables o pintorescos en el mundo del narco. Era toda una sociedad que fumaba narco, bailaba narco y escuchaba música narco. Hay un aspecto folklórico y social muy popular. Todo eso se mermó con la violencia y la sangre, y ahora no veo que haya nada ni amable ni simpático en ese mundo sino todo lo contrario. Los narcos que inspiraron “La Reina del Sur” están muertos o en la cárcel. Ahora es el eslabón asesino el que se adueñó de los resortes.

‘El Chapo’ está a caballo entre los dos mundos; viene de aquellos patriarcas de la droga, pero ya está salpicado por la violencia en la que el narco se ha convertido en los últimos tiempos. Si ‘El Chapo’ podría ser vagamente simpático hace veinte años ahora no es simpático en absoluto. Es otro Chapo, es otro narco. Kate del Castillo se impregnó de la psicología de Teresa Mendoza y además se mostraba orgullosa de que fuera así. Supongo que eso la empujó a creer que comprendía. De ahí que la fascinación por el personaje la llevara a la fascinación por los personajes que inspiraba la novela.

También ‘El Chapo’ estaba fascinado por ella. Una doble fascinación: la de la actriz que encarna a una narcotraficante, por su personaje, y la del narco, que ve a una actriz encarnar a un personaje que le deja seducido por lo perfecto de su interpretación. Estos personajes hubieran “enganchado” al director de cine del suspense Alfred Joseph Hitchcock, un enfermizo enamorado de sus actrices y además, productor de películas. El díscolo Sean Pen sigue chismeando sobre su encuentro con ‘El Chapo’, fotografiado por los servicios secretos mexicanos. Nada que ver con un personaje de Miguel de Cervantes. Charles Bukowski pensaría en este inicio del 2018: una ordinaria locura del siglo XXI.

 

La ejecución, apaleamiento y quema del bandido Miel Otxin, momento cumbre de la celebración en Lanz, Navarra, España

Dos tiros con pólvora pondrán fin a la efímera existencia del mítico Miel Otxin, el personaje central del carnaval de Lanz (Navarra), sin duda uno de los más antiguos y tradicionales de cuantos se celebran actualmente en España. Este peculiar carnaval, Lantz en euskera (vasco), que perduró durante y a pesar del régimen franquista, representa la condena y posterior ajusticiamiento popular de un famoso bandido: Miel Otxin. La mascarada concluye con el apaleamiento del bandolero y la quema de sus restos, mientras los participantes en el festejo celebraban el acontecimiento bailando en corro alrededor de la fogata al son del txistu. El carnaval del Lanz, pequeña población situada a unos 25 kilómetros de Pamplona representa, la condena y posterior ajusticiamiento popular de un famoso bandido, Miel Oixin, quien, según la leyenda, cometió toda clase de fechorías contra los habitantes de la zona. La muerte de Miel Otxin, un gigante de paja de más de tres metros de altura y unos treinta kilos de peso, tendrá lugar, en esta ocasión, en presencia de menos público del que es habitual y con una temperatura de casi diez grados bajo cero. El bandolero, dueño y señor de Lanz durante estos días, se paseará nueva e impunemente por las calles de la villa, entre los aullidos y lamentos de la comitiva carnavalesca. Ese era su pequeño consuelo antes de que dos tiros de escopeta de caza acabe definitivamente su vida y pase a ser pasto de las llamas, entre el regocijo del pueblo y la impasibilidad de los visitantes.

En este ancestral carnaval -que no es un mero espectáculo folklórico como pudiera creerse, sino la exteriorización de los sentimientos de rabia, venganza y odio, hacia un personaje, según algunos escritores- toman parte, además, del gigante Miel Otxin, para cuya elaboración se precisan muchas horas; el Ziripot, la figura grotesca de la fiesta, encarnada por un joven embutido en dos sacos atiborrados de heno y helechos secos que le impiden prácticamente andar y que apenas si le permiten mantenerse en pie; el Zaldiko (caballito) es un mozo disfrazado de caballo que corre, salta y provoca a empujones las repetidas caídas del pobre Ziripot; los txatxos (máscaras) son jóvenes del pueblo disfrazados de forma caótica y abigarrada, con las caras tapadas con telas de saco, cubiertos de pieles de vaca, carnero, oveja e incluso jabalí y armados de escobas, palos u horcas; y, por último, los arotzak (herreros), quienes, embozados en ásperas sábanas de arpillera y provistos de un caldero con fuego, martillos y tenazas, tratan de herrar al Zaldiko.

 

El bandolero saldrá ataviado con una camisa chillona, una enorme faja roja, pantalones azules, polainas y capirote, entre ‘irrintzis’ (gritos)

Precisamente, a hombros de uno de estos txatxos, hace unos días saldrá del desván de la posada-ayuntamiento del pueblo, a las concurridas calles, el mítico gigante Miel Otxin. En su salida será acompañado por el resto de la mascarada, que le seguirá profiriendo furiosos aullidos y potentes irrintzis (gritos). El bandolero -ataviado con una camisa chillona, una enorme faja roja, pantalones azules, polainas y capirote- permanecerá, no obstante, indiferente. Entre las máscaras o txatxos apareció tambaleante el ziripot, la montaña de carne, con su ridícula cabecita. Los txatxos protegían al ziripot de las furiosas y rápidas embestidas del zaldiko. Pero esta protección a lo largo del recorrido no será suficiente ya que el caballito en cuanto tenía la menor oportunidad asestaba un golpe con la parte delantera de su aparejo o le propinaba una coz, derribándolo en medio de la nieve que cubría las calles.

Las continuas caídas del ziripot que éste exagerará lanzando ridículos gemidos y moviendo al aire sus gruesas piernas, provocarán las chanzas y burlas de los espectadores. Caerá numerosas veces a lo largo del breve recorrido, ante la atenta -y curiosa- mirada de los niños y espectadores y, en otras tantas ocasiones, será ayudado a levantarse por las máscaras, quienes, posteriormente, perseguirán al zaldiko entre el hielo y la nieve. Por fin, los txatxos y los arolzak, cuando la mascarada llegue a la que se denomina casa arotzanea (o casa del herrero, aunque en Lanz, nunca existió una fragua), cogerán al zaldiko fingiendo herrarlo, a lo que éste se opuso profiriendo fuertes gritos. La comitiva recorrerá de esta singular guisa todas las calles del pueblo seguida de cerca por los espectadores.

 

Las cenizas del mítico bandido Miel Otxin, muerto de dos tiros de pólvora, son aventadas en espera de su próxima resurrección

Los txatxos irán y vendrán a lo largo del camino, ululando, contorsionándose e intimidando con su aspecto siniestro a los pequeños, a quienes también perseguirán. En ocasiones el presunto escobazo no llegará y se convertirá en una batalla de bolazos de nieve. Miel Otxin, mientras tanto, permanecerá indiferente a lo que suceda a su alrededor. Se repitirá de nuevo el tradicional paseo de la comitiva por las calles de la villa navarra. El recorrido de Miel Otxin por Lanz se reanudará posteriormente por la noche, aunque, en esta ocasión, bajo la atenta mirada de varios cientos de personas que acudirán a presenciar el acto final del carnaval: el juicio de Miel Otxin y su quema. El final de este paseo tendrá lugar en la plaza del pueblo. Allí será apaleado y juzgado.

Miel Otxin es siempre culpable y como tal recibe los ataques de los txatxos, uno de los cuales le dispara dos tiros con pólvora. El gigante cae muerto en tierra, momento en el que las máscaras se abalanzan sobre él rasgándole las vestiduras y descuartizándolo. La hierba que lleva en sus entrañas se hace un montón y todos los txatxos, a los que se unen los hombres del pueblo, bailan un zortziko en torno al gigante caído, a la vez que lanzan desgarrados irrintzis. Cuando se consume la pira y después de que las cenizas del mítico bandido son aventadas en espera de su próxima resurrección, el carnaval habrá finalizado.

 

Los casos de corrupción atraviesan día y noche sin parar, como una corriente fétida, el cuerpo social, jodiéndonos los Carnavales

Hablemos una vez más de política distópica nacional, como escribe  el columnista español Manuel Vicent. Las ostras son moluscos bivalvos que filtran más de mil litros de agua al día. Otro tanto sucede con los mejillones cultivados en las bateas. Estos moluscos encerrados cada uno en su propio caparazón están unidos por la misma corriente marina que atraviesa sus cuerpos y deja en ellos el plancton microscópico con que se alimentan. A menudo sucede que por sus entrañas discurre agua contaminada, y en este caso, si no es correctamente filtrada, quien consuma estas ostras, ostiones, almejas y mejillones se expone a una grave intoxicación. Filtrar o no filtrar, he aquí una propiedad de los moluscos y de algunos políticos nacionales.

Cabe preguntarse si el Gobierno del PRI de Enrique Peña Nieto, el del frustrado ‘Pacto Por México’, aquel lejano acuerdo político nacional firmado también, el 2 de diciembre de 2012, por Gustavo Madero Muñoz, presidente del Partido Acción Nacional, Cristina Díaz Salazar, presidenta interina del Partido Revolucionario Institucional, y Jesús Zambrano Grijalva, presidente del Partido de la Revolución Democrática -el Partido Verde Ecologista de México, a través de su vocero Arturo Escobar y Vega, se sumó como signatario del acuerdo el 28 de enero de 2013- no será como un conjunto de ostras que sobrevive en medio de una gran cantidad de agua contaminada y es incapaz de expulsar las toxinas.

El ‘Pacto por México’ tenía como acuerdo principal el profundizar el proceso democrático con base en tres ejes rectores: “El fortalecimiento del Estado Mexicano”; “La democratización de la economía y la política, así como la ampliación y aplicación eficaz de los derechos sociales” ; y “La participación de los ciudadanos como actores fundamentales en el diseño, la ejecución y la evaluación de políticas públicas”.

Las toxinas ‘molusqueñas’ de nuestros políticos afectaron a los vecinos de los once municipios de Quintana Roo. Ya se sabe que este país, nuestro Estado, poblaciones, calles y plazas, que se mueven entre el pesimismo histórico y el triunfalismo desaforado, está lleno de magníficas individualidades en el campo de la ciencia, de la medicina, del arte internacional, del deporte de élite, de las empresas constructoras y, por otra parte, la mayoría de sus vecinos corrientes constituyen un ejemplo de solidaridad, de alegría de vivir y de resistencia ante la adversidad. Pero sucede que tan nobles ciudadanos se ven obligados a tragarse una enorme cantidad de toxinas, que a cada hora generan los medios de comunicación, ‘mass media’, impresos, online, redes sociales... Si los casos de corrupción atraviesan día y noche sin parar, como una corriente fétida, el cuerpo social, ¿no seremos los ciudadanos anónimos como los mejillones colgados de las bateas, incapaces de filtrar tanta basura política, y nos hemos quedado sin capacidad de respuesta, humildes mejillones intoxicados siempre dispuestos a consumir, pese a todo, una y otra vez las mismas ostras y ostiones, almejas y mejillones podridos?

 

Sobre la Cloaca Máxima se levantaron templos, palacios, arcos de triunfo, el foro imperial, el Coliseo, el Vaticano y las basílicas cristianas

El rey de Roma Tarquinio Prisco mandó construir la Cloaca Máxima en el siglo VI antes de Cristo para canalizar y verter en el Tíber las infectas marismas junto con todos los desechos de la ciudad. Esa obra monumental ejecutada por etruscos está todavía en servicio. Con el tiempo sobre ella se levantaron templos, palacios, arcos de triunfo, el foro imperial, el Coliseo, el Vaticano y las basílicas cristianas. Por la raíz de estos mármoles sagrados discurría una corriente putrefacta y en ella navegaba toda clase de despojos. El derecho, el arte y la cultura clásica, que nos han nutrido, se elaboraron sobre esta inmundicia. La cloaca máxima, que en su origen fue una gran obra de ingeniería, a lo largo de la historia ha tomado otras formas invisibles e igualmente nauseabundas. El Estado moderno, y todos los crímenes que llevan su nombre, se asientan sobre una ciénaga semejante a la de Roma.

Los bajos fondos del poder están llenos de reptiles que se pasean con un pistolón colgado de la axila y sobre este pozo ciego gritan y gesticulan los políticos, dictan sentencias los jueces, desfilan los ejércitos. En la actualidad, la cloaca máxima discurre a través de las redes sociales. El albañal que soportaba los mármoles de la ciudad eterna y la caja de Pandora, que contiene un nudo de serpientes, fundamento del Estado moderno, se han transformado en esa corriente de odio y frustración que aflora desde el anonimato en millones de tuits llenos de rebuznos, insultos, calumnias, mentiras y venganzas. Sobre la cloaca de las redes se eleva hoy el trono de un invisible rey Tarquinio con todo su poder digital, capaz de alterar el curso de la historia solo con los dedos sobre un teclado. ¿Pero, qué templos, qué palacios, qué arcos de triunfo, qué clase de cultura se puede levantar sobre este basurero?

Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza ‘cabalgan’ por los Carnavales, relajando a tanto político demente. Acomodarse uno a la locura de las libertades no es tarea fácil, a todas luces, Miguel de Cervantes nos marcó el camino, siglos ha. Y lo sigue haciendo con un director del Instituto de la Cultura y las Artes de Cancún, sospechosamente llamado y apellidado Fernando Cervantes Quijano…

www.elbestiariocancun.mx    

LA MIRILLA

No result.

LA CAPILLA SIXTINA

PUBLICIDAD

  • Veterinaria
  • notaria2
  • scissors2