El Bestiario

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

“Congratulations to Andres Manuel Lopez Obrador on becoming the next President of Mexico. I look very much forward to working with him. There is much to be done that will benefit both the United States and Mexico!”. “Enhorabuena a Andrés Manuel López Obrador por convertirse en el nuevo presidente de México. Tengo muchas ganas de trabajar con él. ¡Hay que hacer muchas cosas que beneficiarán a Estados Unidos y México!”, escribió Donald Trump desde la Casa Blanca en su cuenta de Twitter. En los tiempos del Brexit, del rechazo a un proceso de paz como el de Colombia, de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, México ha sido acaso el mayor exponente de que las emociones se imponen a lo racional. Si esta elección se trata de un acto de fe, nadie ha sabido interpretarlo como López Obrador, favorito para la victoria, a tenor de las encuestas, que le daban una ventaja de 2 a 1 respecto a sus rivales, Ricardo Anaya y José Antonio Meade. El cuarto contrincante, el independiente Jaime Heliodoro Rodríguez ‘El Bronco’,  se autotransformó en un ‘lobo solitario’ de un distópico yihadismo en Nuevo León, al afirmar, en el primer debate televisivo, que había que amputar las manos a los ladrones… 


Lejos de caer en los sondeos, como se vaticinó, ‘El Peje’ nunca dejó de crecer. Una derrota sería vista como un fraude por sus seguidores, un fantasma que muchos de sus simpatizantes no han dudado en agitar los últimos días. En su tercer intento por llegar a Los Pinos, el líder de Morena ha tenido una aguda capacidad para capitalizar el enojo y el hartazgo con el régimen actual, encarnado en el Gobierno de Enrique Peña Nieto y su partido, el Revolucionario Institucional (PRI). La elección de México tiene mucho de referéndum sobre la gestión del mandatario. Al tiempo, López Obrador ha mantenido su compromiso de promover el cambio social, como en sus inicios en la vida pública en Tabasco, hace tres décadas, cuando empezó a trabajar con los indígenas chontales. Su México solo se construye si los que no tienen nada, pueden lograr algo.

La novela de Robert Louis Stevenson , ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’, trata de un abogado, Gabriel John Utterson, que investiga una extraña relación. El relato se sitúa en la ciudad de Londres, en el invierno de 1884. El señor Utterson, prestigioso abogado londinense, notario y viejo amigo del Dr. Jekyll, relee con inquietud el testamento que este le ha entregado. En dicho testamento se establece que, a su muerte, todos sus bienes han de ir a manos de un tal Edward Hyde. Pero lo que incomoda seriamente al abogado es que el testamento estipula que, en caso de que el Dr. Jekyll desapareciese o estuviera inexplicablemente ausente durante un periodo superior a tres meses, también habrían de serle traspasados todos sus bienes al misterioso desconocido. Jekyll es un ciudadano respetable y una persona amable, Hyde es un hombre violento y malvado. ¿Cuál puede ser el vínculo entre dos seres tan opuestos? ¿Qué ataduras unen al Dr. Jekyll con el sombrío Mr. Hyde?

 

“Tengo muchas ganas de trabajar con él. ¡Hay que hacer muchas cosas que beneficiarán a Estados Unidos y México!”

Donald Trump, que no ha dejado de atizar a México por la inmigración y comercio desde que comenzó su carrera a la Casa Blanca, se mostró conciliador este lunes de frijol con puerco tras la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador y confió en tener “muy buena relación” con el presidente in pectore, con quien estuvo hablando por teléfono. Trump contó a la prensa que dijo haber conocido hace años y, ya entonces, había pronosticado su éxito. “Le vi en otras campaña electoral y le dije que algún día sería presidente. Acerté”, señaló el neoyorquino. El domingo por la noche ya se había mostrado cordial al felicitar al ganador de las elecciones presidenciales a través de su cuenta de Twitter. “Enhorabuena a Andrés Manuel López Obrador por convertirse en el nuevo presidente de México. Tengo muchas ganas de trabajar con él. ¡Hay que hacer muchas cosas que beneficiarán a Estados Unidos y México!”, escribió.

Entre esas cosas pendientes que citó Trump en el tuit figura la renegociación del gran tratado comercial que une a EE UU, Canadá y México, que se encuentra bloqueado, y una promesa incendiaria del mandatario estadounidense, que quiere construir un muro de separación con su vecino del sur y que los mexicanos lo paguen. Desde la Casa Blanca, este lunes confirmó que habían hablado de estos asuntos en su primera conversación telefónica. Por la mañana, en la cadena Fox, el asesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, señalaba que las conversaciones entre el magnate neoyorquino y el líder izquierdista podrían arrojar resultados “sorprendentes”, en sentido positivo. “Trump seguirá el mismo proceso que ha seguido con otros líderes extranjeros que quieren reunirse con él, sentarse y hablar”, añadió.

Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, las relaciones con Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray Caso, Secretario de Relaciones Exteriores de México y quien, anteriormente, fungió como Secretario de Hacienda y Crédito Público, fueron turbulentas, con desencuentros y ataques por parte del estadounidense, que llegaron a suponer la cancelación de una visita oficial del mexicano. Lo que ocurra con un político tan distinto como López Obrador es una incógnita. Hace unos meses, el entonces candidato mexicano resaltaba que había al menos una cuestión en la que coincidía con el republicano, que los salarios de los trabajadores mexicanos debían subir. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, telefoneó también al presidente electo de México para felicitarle por su victoria electoral y tratar, entre otros temas, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), que une a ambos países y a EE UU desde 1994. Trudeau, según un comunicado oficial canadiense, puso énfasis sobre “la estrecha amistad y la asociación dinámica” entre ambas naciones y emplazó a su futuro homólogo a “cooperar en una agenda para crear buenos empleos para la población de ambos países”.

El líder de Morena, que despierta esperanzas y recelos por igual en el continente, recibió las felicitaciones de dirigentes de signo y proyecto político opuestos. El presidente electo de Colombia, Iván Duque, manifestó: “Nuestro deseo es seguir trabajando y fortaleciendo los lazos entre ambas naciones por el bienestar de la región”. El mandatario saliente, Juan Manuel Santos, también confió en que los estrechos vínculos con México no se vean afectados. “Espero que mantenga las excelentes relaciones que hemos tenido entre nuestros dos países”, afirmó. La colaboración bilateral entre estos gigantes latinoamericanos, miembros de la Alianza del Pacífico, es crucial sobre todo en materia de cooperación comercial y lucha contra el narcotráfico. Los aplausos más sonoros llegaron de los principales representantes del antiguo eje bolivariano, cada vez más debilitado, que desean un giro en los equilibrios de la región. “Felicito al hermano pueblo mexicano y a su presidente electo, López Obrador. Que se abran las anchas alamedas de soberanía y amistad de nuestros pueblos. Con él triunfa la verdad por encima de la mentira y se renueva la esperanza de la Patria Grande”, se deshizo el presidente venezolano, Nicolás Maduro. Su homólogo boliviano, Evo Morales, se expresó en términos parecidos: “Nuestra más calurosa felicitación al hermano presidente electo López Obrador. Por su contundente victoria en las elecciones de México. Estamos seguros [de] que su Gobierno escribirá una nueva página en la historia de dignidad y soberanía latinoamericana”.

Lenín Moreno, que tras suceder a Rafael Correa en Ecuador se alejó de los postulados populistas, fue más sobrio. “Mis mejores augurios para el hermano pueblo azteca. Seguiremos estrechando lazos y aunando esperanzas”, escribió en Twitter.  El presidente brasileño, Michel Temer, reafirmó a López Obrador su “plena disposición” a trabajar para seguir fortaleciendo los vínculos entre los dos países. En la misma línea se pronunció el argentino, Mauricio Macri, mientras que el chileno, Sebastián Piñera, afirmó: “Le deseé mucho éxito deportivo en los próximos 90 minutos y en su Gobierno durante los próximos 6 años. Trabajaremos muy unidos en Alianza del Pacifico por el desarrollo integral de chilenos y mexicanos”.

 

López Obrador gana en México: ¿cuánto influyó Trump en su triunfo y cómo podrán entenderse ambos ahora?

¿Habrá cambios en las relaciones entre México y Estados Unidos tras la victoria de López Obrador en las elecciones presidenciales? Esta es la pregunta que se hacía Gerardo Lissardy, el corresponsal de BBC News en Nueva York, al igual que otros ‘mass media’ y todas las cancillerías del mundo y los ‘think tanks’, literalmente del inglés ‘tanques de pensamientos’. Laboratorio de ideas, instituto de investigación, gabinete estratégico centro de pensamiento o centro de reflexión… es una institución o grupo de expertos de naturaleza investigadora, cuya función es la reflexión intelectual sobre asuntos de política social, estrategia política, economía, militar, tecnología o cultura. Pueden estar vinculados o no a partidos políticos, grupos de presión o lobbies, pero se caracterizan por tener algún tipo de orientación ideológica marcada de forma más o menos evidente ante la opinión pública. De ellos resultan consejos o directrices que posteriormente los partidos políticos u otras organizaciones pueden o no utilizar para su actuación en sus propios ámbitos. 

Los ‘think tanks’ suelen ser organizaciones sin ánimo de lucro, y a menudo están relacionados con laboratorios militares, empresas privadas, instituciones académicas o de otro tipo. Normalmente en ellos trabajan teóricos e intelectuales multidisciplinares, que elaboran análisis o recomendaciones políticas. Defienden diversas ideas, y sus trabajos tienen habitualmente un peso importante en la política y la opinión pública, particularmente en Estados Unidos. Además de promover la adopción de políticas, entre las funciones que cumplen los ‘think tanks’ están las de crear y fortalecer espacios de diálogo y debate, desarrollar y capacitar a futuros paneles políticos en su toma de decisiones, legitimar las narrativas y políticas de los regímenes de turno o los movimientos de oposición, ofrecer un rol de auditor de los actores públicos y canalizar fondos a movimientos y otros actores políticos.

 

AMLO viajó para defender a los migrantes de la campaña de odio con el libro “Oye, Trump”, Peña Nieto guardaba silencio

Donald Trump llevaba sólo diez días como presidente de Estados Unidos en enero de 2017, cuando Andrés Manuel López Obrador anunció una gira por este país para “defender a los migrantes”. En su viaje por distintas ciudades de EE.UU., el entonces precandidato mexicano acusó a Trump y sus asesores de hablar de los mexicanos “como Hitler y los nazis se referían a los judíos” y de apoyar “una campaña de odio que es neofascista”. Más tarde publicó un libro sobre ese viaje, titulado “Oye, Trump”, y dijo que decidió enfrentar al gobierno norteamericano mientras el presidente mexicano del PRI, Enrique Peña Nieto, guardaba silencio. Todo esto generó polémica y sospechas de que López Obrador buscaba utilizar el alto rechazo que Trump genera entre los mexicanos para lograr votos para sí mismo, algo que negó.Y a medida que el candidato conocido por sus iniciales de AMLO se afianzó en la campaña, muchos vincularon su apoyo popular con lo que hace Trump al otro lado de la frontera.

“Con sus ataques e insultos a los mexicanos, Trump ha favorecido a López Obrador, con gran irresponsabilidad, pues Estados Unidos tendrá problemas con un gobierno populista y demagogo”, dijo semanas atrás el escritor peruano y premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa. Entonces, tras la elección de López Obrador como presidente de México el domingo, primero de julio, surgen estas cuestiones: ¿contribuyó realmente Trump a su triunfo? ¿Chocarán ambos mandatarios ahora? Por lo pronto, ambos líderes tuvieron una primera conversación telefónica de media hora de la que se destacó el “trato respetuoso” y en la que hablaron sobre cómo reducir la migración y mejorar la seguridad. “Recibí llamada de Donald Trump y conversamos durante media hora. Le propuse explorar un acuerdo integral; de proyectos de desarrollo que generen empleos en México, y con ello, reducir la migración y mejorar la seguridad. Hubo trato respetuoso y dialogarán nuestros representantes…”, recalcó el líder izquierdista de Morena. Horas antes, Donald Trump también utilizó Twitter para felicitar al presidente electo de los mexicanos, con quien aseguró estar deseoso de trabajar conjuntamente por el bien de ambos países.

 

La política de ‘tolerancia cero’ de Trump forzó la separación de casi de 3.000 niños de sus padres, mexicanos y centroamericanos

Trump tuvo una incidencia indirecta en la elección mexicana. Muchos mexicanos están enojados de sus insultos sin que hubiera un gobierno a cargo en México que explicara, respondiera o hiciera algo que fuera comprensible para el votante común y corriente. Hay un grado de ese elemento en esta elección. La polémica sobre el trato a los migrantes que entran a EE.UU. desde México -en su mayoría centroamericanos- creció en las últimas semanas, por la política de ‘tolerancia cero’ que forzó la separación de casi de 3.000 niños de sus padres. La elección de López Obrador fue una señal muy clara del malestar de los mexicanos ante problemas como la corrupción o la violencia, que él prometió priorizar, ante la desidia de las élites políticas, económicas y sociales durante los últimos sexenios del PAN y el PRI, con Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, como presidentes protagonistas. Al igual que Trump, AMLO fue visto por sus electores como la mejor opción para cambiar un sistema político que los desilusionó: aquel habló de “drenar el pantano” de Washington, éste de sacar al “régimen corrupto” de México. Y sus similitudes no terminan allí, aunque el estadounidense sea considerado de derecha y el mexicano de izquierda.

Ambos fueron etiquetados de populistas o nacionalistas, y son vistos por sus críticos más duros como riesgosos para la democracia liberal o la economía de mercado. Los dos prefieren concentrarse más en la política nacional que en relaciones exteriores, que no es su especialidad. Y ahora ambos están obligados a liderar la relación entre sus países, ya sea para ponerse de acuerdo o enfrentarse. Algunos analistas creen que López Obrador y Trump tendrán dificultades para entenderse debido a sus estilos personales y todo lo que los separa, pero otros piensan lo contrario. “Creo que por cuestiones extrañas encontrarán una manera de trabajar efectivamente”, vaticina Jorge Guajardo, un exdiplomático mexicano con experiencia en Washington. “Trump erróneamente va a identificar en López Obrador el mismo fenómeno que lo llevó a él al poder, que apeló al populismo, que es un líder autoritario, de la estirpe que le gustan”, dice Guajardo a BBC.

Un tema caliente de la agenda bilateral es la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) de América del Norte entre sus países y Canadá, ordenada por Trump tras su llegada a la Casa Blanca. Antes de la elección mexicana, el equipo de López Obrador se alineó con la posición negociadora del gobierno de Peña Nieto sobre el TLC y designó un representante para sumarse a las discusiones. “Incluso si no hay un acuerdo antes del final de la transición (presidencial en México), debería haber continuidad en el proceso de negociación”, indica Pamela Starr, una profesora de relaciones internacionales en la Universidad de Southern California experta en el vínculo entre EE.UU. y México. 

Starr advierte que pueden surgir problemas en temas como la migración, ya que López Obrador indicó que velará por los derechos humanos de mexicanos que viven en EE.UU. sin papeles y de los centroamericanos que cruzan México rumbo al norte. AMLO se ha mostrado muy negativo con la política de EE.UU. hacia los migrantes. “Eso significa que no usará el Ejército para mandarlos de vuelta a Centroamérica. Al menos es lo que mucha gente cree, lo que significa que es probable que EE.UU. tenga más centroamericanos en su frontera sur”, adviderte Starr. Y aunque López Obrador parezca dispuesto a continuar la cooperación con EE.UU. en seguridad o combate al narco, algunos creen que incluso esto puede cambiar si el lazo bilateral se tensa por la migración, una ruptura del TLC o algún comentario de Trump. López Obrador se sentiría mucho más libre de cancelar o amenazar con cancelar esos mecanismos de cooperación. Puede ser una pesadilla para Estados Unidos.

 

‘La incógnita López Obrador’, la creencia de que México no puede seguir como está choca con las dudas sobre su gobernar

“El político más conocido de México resulta ser toda una incógnita. Después de años de exposición pública, de meses de interpretar y juzgar sus silencios y respuestas ambiguas, la sensación de la inevitabilidad de su victoria ha despertado tanto entusiasmo como incertidumbre. La creencia de que el peligro para México es seguir con los desorbitados niveles de violencia, la corrupción y la impunidad choca con las dudas que genera el posible triunfo y la forma en que gobernaría Andrés Manuel López Obrador…”, escribía Javier Lafuente en el periódico EL PAÍS, en Madrid, España. El histórico 1-J se pudo fin a tres meses de campaña electoral, un proceso anticlimático, absurdamente largo. En todo este tiempo, al que se suma una precampaña y una intercampaña -en total casi un año de promesas y buenas intenciones-, los candidatos no han logrado aterrizar una propuesta concreta, un plan definido para acabar, por ejemplo, con los dos males que azotan el país y que marcarán el próximo sexenio: la corrupción o reducir los niveles de violencia que desangran el país. 

López Obrador es un líder social, heredero de la vieja estirpe del priismo nacionalista revolucionario, que se presenta como un salvador. Su plan no pasa solo por lograr un cambio. Ha prometido que liderará la cuarta transformación de México, tras la Independencia, la Reforma y la Revolución. Que después de Hidalgo, Juárez y Madero, estará él. En cierta manera, quiere poner fin al ciclo que arrancó, a finales de los ochenta, Carlos Salinas de Gortari: la predominancia en el poder de una mayoría de centro derecha, una amplia tolerancia al predominio de intereses privados y la administración de la desigualdad. López Obrador ha sido el opositor por excelencia de ese modelo, que trajo consigo la exclusión de la izquierda del poder ejecutivo.

 

Despejó la supuesta injerencia rusa en su campaña a base de humor, presentándose como ‘Andrés Manuelovich’

Sobre el papel, su posible triunfo cerraría ese ciclo liberal. En la práctica, existen muchas dudas. Después de perder en 2006 ante Felipe Calderón por un estrecho margen -siempre sostuvo que le robaron la elección- y de volver a ser derrotado por Peña Nieto hace seis años por un amplio margen -en ambos casos bajo el paraguas del Partido de la Revolución Democrática (PRD)-, para esta ocasión no solo creó un partido a su imagen y semejanza (Morena), sino que se ha aliado con Encuentro Social, una formación evangélica. La sobrerrepresentación ultraconservadora en el Congreso preocupa a los defensores de derechos sociales que, en su mayoría, apoyan al líder de Morena. Además, López Obrador no ha dudado en sumar a su proyecto Juntos Haremos Historia -que completa el Partido del Trabajo, de extrema izquierda- a enemigos de antaño, cuestionados dirigentes sindicales mineros, a cambio de conseguir votos y estructura para defenderlos en todo el país. 

En el entorno más cercano de López Obrador sienten que se ha infravalorado su capacidad política y pragmática. Desde que comenzó la campaña era el objetivo a batir y de todas las batallas ha salido indemne. Despejó la supuesta injerencia rusa en su campaña a base de humor, presentándose como ‘Andrés Manuelovich’; sugirió amnistiar crímenes vinculados por el narcotráfico y, al ver que le podía costar caro, dejó de mencionarlo; aseguró que lo que México necesita es una Constitución moral, sin concretar a qué se refería; se enfrentó con el todopoderoso Carlos Slim a costa del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, que finalmente no revertirá; después de cargar contra la élite empresarial, se reunió con ellos. Este ir y venir ha sido acicate para sus críticos, que ponen en duda su moderación. Sin embargo, le ha permitido marcar la agenda sin apenas costos. Mientras todo el mundo le escrutaba a él, López Obrador hacía lo propio con México. Ningún candidato ha recorrido el país como él. Cuando se iba, quedaban los suyos. A la par que perfeccionaba su imagen, desarrollaba la de Morena. Su mayor obsesión siempre fue garantizar la defensa del voto. Morena tuvo representantes en más del 90% de las casillas, solo superado por el poderoso PRI.

 

Si ha dejado de ser solo un candidato del sur y del centro del país ha sido, en buena medida, por Marcelo Ebrard

López Obrador se hizo a sí mismo, y casi podría decirse que a solas. Si no hay padrinos en su biografía, tampoco hay compañeros. Su núcleo más próximo lo integran sus hijos, su mujer, Beatriz Gutiérrez Müller y su inseparable César Yáñez, encargado de prensa y contención con todo aquello que sienta que no le conviene. A la moderación de su imagen ha contribuido su equipo de colaboradores más cercano. Todos han sabido desarrollar una campaña sin él, para él. Los más destacados son tres que, a priori, no ocuparán una cartera en el Gobierno paritario que anunció hace meses.El empresario Alfonso Romo ha sido el encargado de convencer a sus pares de que la victoria de López Obrador no supone un peligro para México. Romo, empresario de Monterrey, al norte del país; admirador del expresidente colombiano Álvaro Uribe y otrora crítico del candidato, es decir, poco sospechoso de ser un líder de izquierda, emprendió una cruzada de meses, primero con directivos de pequeñas y medianas empresas, que concluyó con la reunión en junio de López Obrador con la élite empresarial. “El mazazo más importante”, como describía uno de los asistentes.

Otro de los factores que determinaron la elección, el crecimiento de López Obrador en el norte del país, la zona que tradicionalmente le ha dado la espalda. Si ha dejado de ser solo un candidato del sur y del centro del país ha sido, en buena medida, por el trabajo de Marcelo Ebrard. Su sucesor como jefe de Gobierno en la Ciudad de México (2006-2012) regresó al país a finales del pasado año para sumarse a la campaña, con el fin de construir una estructura sólida en el terreno más fangoso para el candidato.

 

“Miren lo que son las cosas, soy el candidato de más edad, pero los jóvenes, con su rebeldía, saben que representamos lo nuevo”

Si alguien ha contribuido a suavizar la imagen de López Obrador entre el electorado ha sido Tatiana Clouthier. Hija de un excandidato presidencial del PAN, partido con el que fue diputada federal, ha sido capaz de convencerle de que debía enfrentar todos los ataques con un mensaje de paz y amor -AMLOve, lo han llamado-, así como de llegar al electorado más joven a través de una intensa campaña en redes sociales. López Obrador se vanaglorió de ello en su multitudinario cierre de campaña en el estadio Azteca: “Miren lo que son las cosas, soy el candidato de más edad, pero los jóvenes, con su rebeldía, saben que representamos lo nuevo”.Los colaboradores de López Obrador han sabido anteponer sus intereses personales, que los tienen como todo político, al éxito de su jefe. Una gran diferencia con sus competidores. Ricardo Anaya forjó una alianza que se antojaba imposible al juntar a los partidos tradicionales de la derecha y la izquierda. Estuvo dispuesto a pagar el precio de dividir a conservadores y progresistas, pero no calculó que los intereses de los que le acompañaban eran incluso mayores que los de los que se quedaron por el camino. En el caso de José Antonio Meade, su designación como candidato del PRI abrió una batalla interna entre los afines al presidente y el núcleo más duro del tricolor, que nunca vio con buenos ojos que un simpatizante, escorado a la derecha, fuese su candidato. Heridas que, lejos de cicatrizar, siguen abiertas sin torniquete que las frene.

Por si fuera poco, la guerra descarnada durante la campaña entre Anaya y Meade y el presidente, facilitó el camino de López Obrador. En el entorno del líder de Morena lo comparan, con cierta ironía hiperbólica, con la batalla de Stalingrado. Entonces, los alemanes caminaban hacia Moscú con todo a su favor, hasta que Hitler decidió tomar los pozos petroleros de Crimea. En el camino, decidió arrasar con Stalingrado, en buena medida por el nombre. Aquello le costó en buena medida la guerra. La promesa de Anaya de que encarcelaría a Peña Nieto fue su Stalingrado. Mientras, López Obrador pasaba el verano en Moscú.

 

No es un militar como el venezolano Hugo Chávez ni parece que vaya a hacer uso de ellos para aferrarse en el poder

Hay una gran parte del país que lo detesta desde hace años; que siente que, de lograr el triunfo, López Obrador se cobrará la venganza. Él ha insistido en que garantizará el derecho a disentir, la libertad de prensa o que los empresarios podrán seguir haciendo negocios. En esa cruzada por tranquilizar, no obstante, se ha producido una suerte de ‘excusatio non petita, accusatio manifesta’. Esta es una locución latina de origen medieval, la traducción literal de esta locución de origen medieval es “excusa no pedida, acusación manifiesta’. Significa que todo aquel que se disculpa de una falta sin que nadie le haya pedido tales disculpas se está señalando como autor de la falta. En español se podría traducir por las expresiones ‘quien se excusa, se acusa’, ‘disculpa no pedida, culpa manifiesta’, o ‘explicación no pedida, acusación manifestada’. Por delante tendrá hasta el 1 de diciembre que tome posesión -una transición ridícula que se acortará en el próximo sexenio- para ir aportando certeza.

De lo que no hay dudas es de que López Obrador no quiere mirar más allá de México. Más bien, ve México allá donde va. Hasta el extremo. En un reciente viaje por el norte del país comentaba que la última vez que visitó Cantabria, la tierra donde nació su abuelo, todo le recordaba a México: “El verde y el caoba son igual que los de la selva Lacandona”. De ahí que, pese a los suspiros de tantos, no parece que vaya a erigirse en un líder regional. Comparado con Hugo Chávez hasta la saciedad, el López Obrador de 2018 solo comparte con el expresidente el culto a sí mismo y su convicción de que solo ellos pueden salvar al país. Y aunque no se debe menospreciar, son más las diferencias que los separan. La primera, López Obrador no es un militar ni parece que vaya a hacer uso de ellos para aferrarse en el poder. Además, cuesta imaginarse que un país tan diverso como México pueda sumirse en una situación como la de Venezuela, dependiente del petróleo. Con Lula comparte su tenacidad por lograr el poder, pero ni por asomo la visión global del brasileño. Además, si durante sus gobiernos -no necesariamente por él- la corrupción se expandió, el fin del líder de Morena es cercenarla. Entre ese afán por querer verlo en todos lados y con la convicción de que se sabe todo de él, México se ha terminado por preguntar quién es y cómo podría gobernar López Obrador.

 

“Vamos a hacer nuevamente grande a Estados Unidos”, todo comenzó con el burdel del abuelo proxeneta de los Trump

La periodista estadounidense Gwenda Blair es la autora del libro ‘The Trumps: Three Generations That Built An Empire’ (Los Trump: Tres generaciones que construyeron un imperio), actualizado en una reciente edición como ‘The Trumps: Three Generations of Builders and a Presidential Candidate’ (Tres generaciones de constructores y un candidato a la presidencia), donde investiga el origen de este linaje y sus negocios durante tres generaciones en los que se incluye claro está el proxenetismo y la prostitución como fuentes de origen de la fortuna Trump. El sucesor republicano del demócrata Barack Obama nunca ha querido hablar de este capítulo familiar. El destino es caprichoso. En 1885 llegaba a la Casa Blanca el demócrata Grover Cleveland, un presidente atípico por ser el único que ha tenido dos mandatos no consecutivos, que además vetó una ley que pretendía restringir la entrada de extranjeros al país. Aquel mismo año arribaba a la joven nación un inmigrante alemán de 16 años llamado Friedrich Drumpf.

Traía sólo una maleta y no sabía una palabra de inglés, pero su talento innato le llevó a cumplir el sueño americano y levantar un imperio económico, regentando hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. Amasó una fortuna y regresó a su patria con la intención de quedarse para siempre, pero el gobierno germano le expulsó por eludir el servicio militar obligatorio. Aquella decisión cambiaría el rumbo de la historia. Más de 130 años después, otro presidente poco común acaba de tomar  tomó el mando del Despacho Oval y, en este caso, estamos ante un obsesivo compulsivo por  cerrar las fronteras y levantar miles de kilómetros de muros: Donald, su nieto.

La presencia de la saga Trump en estas tierras ha sido de todo menos discreta y convencional desde que pisaran por primera vez el nuevo mundo. Al pasado del abuelo se suma el del padre, Fred Jr., que recientemente llegó a ser vinculado con los grupos del Ku Klux Klan de los años 20 de Nueva York. Pero para narrar la historia de esta estirpe, debemos primero viajar a su lugar de origen, una pequeña aldea rodeada de viñedos en la región germana del Palatinado. Gwenda Blair investiga el origen de este linaje y sus negocios durante tres generaciones. Friedrich, el abuelo del nuevo presidente de EE UU, vivía con sus padres, Christian Johannes Drumpf y Katharina Kober, dos vendimiadores que se ganaban la vida recolectando la uva, en Kallstadt, un apacible pueblecito germano cuya tradición vitivinícola data del Imperio Romano.

Tras una larga enfermedad, su padre, el bisabuelo Christian, moría en 1877 con 48 años, dejando a la familia en la ruina. Sus cinco hermanos se pusieron a trabajar en el campo, pero la salud de Friedrich era tan endeble para afrontar aquella faena que, con sólo 14 años, en 1883, lo mandaron a la localidad vecina de Frankenthal para trabajar como aprendiz de peluquero. Cuando aprendió el oficio, tras dos intensos años, volvió a su pueblo natal. Allí, este joven, ya con 16, se dio cuenta de que aspiraba a algo que la vieja Europa ya no podía darle, riqueza. Además, hasta Baviera llegaban entonces los cantos de sirenas de una nueva tierra de oportunidades que se abría paso al otro lado del Atlántico. De modo que una noche, sin avisar, cogió la maleta, dejó una nota a su madre y se encaminó a Bremen, donde embarcó rumbo a EE UU.

Allí lo esperaba Nueva York, ciudad que la historia uniría para siempre a su apellido. Pero no al de Drumpf. El 16 de octubre, como muchos inmigrantes, se inscribió en el registro norteamericano, donde lo anotaron incorrectamente, u optó por asimilarlo a un sonido más inglés, como Frederick Trumpf, que acabaría derivando en Trump. Vivió un par de años en la casa de su hermana Katharina, que había emigrado antes que él. Encontró trabajo en una barbería donde hablaban alemán y se quedó allí seis años.

 

“Habitaciones para señoritas”, que era como eufemísticamente se anunciaba que había prostitutas, en el ‘Poodle Dog’ 

Pero el primero de los Trump anhelaba más. En 1891, se marchó a la costa oeste, a Seattle, donde compró con sus ahorros un restaurante en el centro de la ciudad, en una zona donde en la época abundaban casinos, salones y burdeles, el red-light district conocido como Lava Beds. El local fue bautizado como ‘Poodle Dog’, y en él servía alcohol, comida y ofrecía “habitaciones para señoritas”, que era como eufemísticamente se anunciaba que había prostitutas. Frederick vendió sus propiedades justo antes de que el negocio se viniera abajo, para luego trasladarse a Klondike, en el territorio canadiense de Yukon, junto a Alaska, donde volvió a repetir la fórmula de ofrecer cama, comida, licor y sexo en establecimientos como el Restaurante Hotel Actic y el White Horse Restaurant Inn.

Un periódico local describía su negocio como apto “para los hombres solteros del Ártico, con excelentes alojamientos, así como el mejor restaurante, pero no aconsejable para mujeres respetables que vayan a dormir, porque son susceptibles de escuchar sonidos depravados que ofendería su sensibilidad”. La fórmula se repetía en sus locales. Un bar, instalaciones para juegos de azar y zonas oscuras con cortinas de terciopelo, donde ofrecían sus servicios las conocidas como ‘sporting ladies’. Tras la aventura americana, Frederick Trump dio por concluido su sueño. Vendió sus inversiones y regresó a Alemania en 1901. Una vez más, le funcionó el olfato y se adelantó al final de la fiebre del oro y el consiguiente declive de la prostitución. En opinión de la biógrafa, “demostró ser muy previsor y supo retirarse justo antes de que aquello empezara a decaer y los mineros se marcharan”. “Y no se contagió de la fiebre del oro. Muchos empresarios como él no hicieron dinero allí".

Una vez de vuelta a su pueblo natal, se casó con su antigua vecina Elizabeth Christ, la abuela de Donald. Regresaron a Nueva York, donde abrió una barbería y regentó un hotel y un restaurante. Allí tuvieron a su primera hija, Elizabeth. Pero al poco, la nostalgia sumió a su esposa en una depresión, y en 1894 volvieron a Alemania con la idea de envejecer allí. Pero el Gobierno germano apareció en escena.

 

Baviera consideró que Firederich y su aventura americana perseguía evitar el servicio militar, le retiró la ciudadanía

En aquella época el servicio militar era obligatorio en Alemania hasta los 35 años, justo la edad a la que regresó el abuelo Trump. Su ayuntamiento trató de ayudarle, en un intento de conservar en el pueblo la fortuna de aquel hijo pródigo, valorada en 80.000 marcos, medio millón de dólares de hoy. Pero las autoridades de Baviera consideraron que Firederich, con su aventura americana, sólo perseguía evitar el servicio militar, de modo que le retiró la ciudadanía y lo mandó de vuelta a América en 1905, con su esposa embarazada, que daría a luz en Nueva York a Frederick, padre de Donald, y luego John, ya completamente estadounidenses. Finalmente, el abuelo del nuevo presidente murió a los 49 años, en Queens, durante la epidemia de gripe española. Su mujer Elizabeth usó su herencia para continuar el negocio inmobiliario con su hijo mayor, nuestro siguiente protagonista, Fred Junior, el padre del comandante en jefe. “El segundo Trump también mostró destreza. No vivió la fiebre del oro y le tocó la gran depresión, pero supo sacar provecho de los programas de ayudas federales y subsidios de la época que buscaban levantar la economía. Él transmitió a su Donald todo sobre negocios y cómo ser competitivo. Le enseñó la frase de ‘ganar lo es todo, no hay límites’. Y mira ahora a su hijo”, señala Blair.

Al margen de la faceta empresarial que recoge en este libro, sobre el padre del actual presidente de los EE UU, fallecido en 1999, aparecieron en septiembre de 2015 noticias inquietantes. Justo cuando su hijo daba los primeros pasos de su carrera política, la prensa desenterró de la hemeroteca del New York Times un artículo publicado el 1 de junio de 1927 que relacionaba a Fred Trump con el Ku Klux Klan. La crónica periodística lo vinculaba con una pelea que enfrentó a 1.000 civiles relacionados con el grupo racista contra 100 policías en Queens. Aunque no fue acusado oficialmente, Fred Trump fue uno de los siete arrestados durante el incidente. Hay que tener en cuenta que en aquel momento las prácticas racistas en los EE UU estaban generalizadas y el KKK campaba a sus anchas. Donald Trump más tarde negaría la relación de su padre con el KKK, aunque no pudo desmentir por completo aquel suceso.

                                          

En la II Guerra Mundial  se generó un sentimiento antialemán en EE UU, el padre de Donald Trump se autoproclamaba sueco

Frederick Trump también fue una víctima del rechazo por razones de nacionalidad. Tras casarse con una joven escocesa llamada Mary Anne MacLeod, retomó el negocio inmobiliario con su madre, la viuda de Friedrich, una mujer orgullosa de su origen germano, algo que espantaba a muchos de los clientes del negocio, judíos. De modo que con la II Guerra Mundial, cuando se generó un sentimiento antialemán en EE UU, el padre de Donald Trump comenzó a decir a la gente que era sueco. Mientras tanto, la madre, a sus 80 años, organizó un viaje de vuelta a Kallstadt con varios de sus nietos, no con Donald, que heredó la mentira sobre Suecia, y hasta la incluyó en su biografía El arte del trato. Un periodista en Vanity Fair le preguntó a Donald Trump en 1990 si no era cierto que en realidad era de origen alemán, a lo que el millonario respondió que “en realidad, era muy complicado”. “Mi padre no era alemán; los padres de mi padre eran alemanes... suecos, y realmente de toda Europa...”. Años después admitiría su origen alemán, aunque nunca ha visitado aquel pueblo.

Reconciliado ya con su pasado, Trump es consciente de que no será el primer inquilino de la Casa Blanca de ascendencia alemana. La familia de Dwight Eisenhower se llamaba originalmente Eisenhauer y provenía de Karlsbrunn, cerca de la frontera germano-francesa. Y los antepasados de Herbert Hoover fueron llamados Huber y arribaron desde Baden, en el sur de Alemania. El papel de Donald Trump en la historia americana está aún por escribir. Lo que nadie podrá borrar ya es su ascendencia. Y aunque no le emocione, sin saberlo, probablemente el presidente de los EE UU tiene más de Kallstadt en su interior de lo que cree. Y es que no deja de ser irónico que a los habitantes de este pueblecito se les conozca cariñosamente como Brulljesmacher, una palabra que en el dialecto regional significa fanfarrón. Caprichos del destino.

 

Cuando tu vecino es Donald Trump lee ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’ de Robert Luis Stevenson

La influencia de Donald Trump en las elecciones mexicanas ha sido escasa, por no decir nula. En contra de lo que se pudiera pensar, a tenor de su facilidad por desestabilizar con un mero tuit la agenda del vecino del sur, a menos de 48 horas de que México, el mandatario de Estados Unidos no hizo guiño alguno sobre ningún candidato. Ni para mostrarse partidario ni para sugerir su disconformidad con los aspirantes. Nada. Sin embargo, todos miran de reojo hacia el norte, ante la incómoda presencia del inquilino de la Casa Blanca. En Los Pinos de Enrique Peña Nieto no supieron adaptarse a vivir en la ‘contradicción’ del histriónico multimillonario neoyorkino. Cuando te vecino se llama Donald y se apellida Trump es de obligada lectura ‘’El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’ de Robert Luis Stevenson.

‘Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde’, a veces titulado simplemente ‘El doctor Jekyll y el señor Hyde’, es una nouvelle escrita por el novelista, poeta y ensayista escocés Robert Louis Stevenson. Publicada por primera vez en inglés en 1886, trata acerca de un abogado, Gabriel John Utterson, que investiga la extraña relación entre su viejo amigo, el Dr. Henry Jekyll, y el misántropo Edward Hyde. El libro es conocido por ser una representación vivida de un trastorno psiquiátrico que hace que una misma persona tenga dos o más identidades o personalidades con características opuestas entre sí. En psiquiatría, esto hace referencia al trastorno disociativo de la identidad (anteriormente conocido como trastorno de personalidad múltiple). No se debe confundir esta psicopatología con el trastorno bipolar, otro desorden psiquiátrico completamente distinto, perteneciente a un grupo de enfermedades mentales conocidas como trastornos del estado de ánimo, en el que se alternan fases de manía con fases de depresión. Fue un éxito inmediato y uno de los más vendidos de Stevenson. Las adaptaciones teatrales comenzaron en Boston y Londres un año después de su publicación y aún hoy continúa inspirando películas e interpretaciones múltiples.

Jekyll es un científico que crea una poción o bebida que tiene la capacidad de separar la parte más humana del lado más maléfico de una persona. Cuando Jekyll bebe esta mezcla se convierte en Edward Hyde, un criminal capaz de cualquier atrocidad. Según se cuenta en la novela, en nosotros siempre están el bien y el mal juntos, por eso Hyde, símbolo de todo lo perverso, resulta repugnante a todo aquel que lo ve. Esta novela se ha convertido en una pieza fundamental y centrada en el concepto de la cultura occidental del conflicto interior del ser humano entre el bien y el mal. También ha sido considerada como “Una de las mejores descripciones del período victoriano por su perforante descripción de la dicotomía fundamental del siglo XIX: Respetabilidad externa y lujuria interna”. Y su tendencia a la hipocresía social.

 

La torpe invitación al aún candidato Trump, antes de lanzar un discurso en contra de la inmigración y de México

La respuesta a los continuos ataques del inquilino de la Casa Blanca marcará la relación del nuevo presidente de México con su homólogo y con Estados Unidos. El decir a estas alturas de la historia que es el mayor desafío para la política exterior mexicana de Andrés Manuel Lopez Obrador no deja ser una perogrullada, una expresión tan evidente o tan sabida que resulta una afirmación trivial. Lo ha sido siempre y no iba a cambiar ganara quien ganara el 1-J, por mucho que todos los candidatos y sus equipos de campaña, cada cierto tiempo, se hayan esmerado en desarrollar el discurso de que México debe ampliar sus lazos diplomáticos y comerciales con otros países y regiones; que deba mirar hacia China e India; la Unión Europea o hacia Sudamérica, olvidada hasta que la deriva autoritaria de Venezuela ha hecho inevitable que todos los países miren hacia el sur, más aún si, como en el caso de México, puede servir de arma arrojadiza en la política interna.

La gran incógnita será ver cómo gestiona López Obrador la relación con el vociferante Trump, que ha dado sobradas muestras de que no considera a México ni un socio ni un interlocutor de nada, en tanto la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá sigue abierta y los retos en materia de seguridad y migración son cada vez mayores. En el primer caso, todos los candidatos han dado señales de querer mantener el TLC. Andrés Mnauel ha designado ya a una persona para que se incorpore al equipo negociador, que seguirá liderado hasta finales de noviembre por Ildefonso Guajardo, actual secretario de Economía. “López Obrador ha sido muy moderado, entendió muy bien que aunque el libre comercio no es el mundo que él hubiese querido construir, no conviene salirse del tratado”, opina Carlos Elizondo, profesor del Tecnológico de Monterrey, para quien “la variable de Trump es muy complicada, mientras siga la negociación del TLC no creo que nadie vaya a atizar el fuego”. 

Para otros analistas, la presencia del presidente de Estados Unidos debe leerse más en clave interna. Peña Nieto pudo haber utilizado los agravios de Trump para fortalecerse, lo podía haber usado como un elemento de unión entre todos los mexicanos. México recibió muchas señales para liderar el rechazo a Trump en el mundo. No lo supo hacer, tampoco quiso, sus decisiones fueron muy torpes. La decisión de invitar a Trump cuando aún era candidato, horas antes de lanzar un discurso en contra de la inmigración y de México, es algo de lo que aún no se ha podido reponer Peña Nieto ni el actual canciller, Luis Videgaray, artífice de aquella reunión. La clara victoria de López Obrador traerá un viraje en la relación con Trump. Más allá de las frases grandilocuentes que le ha dedicado el candidato, diciendo que exigirá respeto y que México no será la piñata de su Gobierno, el mandatario tabasqueño con antepasados en la España Verde, Cantabria, junto a Galicia, Asturias y el País Vasco, bañadas por el bravo Mar Cantábrico, el de las galernas descritas por el escritor de San Sebastián, Pío Baroja, “podría utilizar la figura de Trump para reafirmarse como un líder interno”.

 

“La mejor política exterior será una política interior fuerte”, ha repetido el líder de Morena, cuyo abuelo nació en Santander

Más allá de cómo gestione la relación con el inquilino de la Casa Blanca, si en algo coinciden todos los que le conocen al ‘santanderino’ es que la política exterior no será una de sus prioridades. La lógica dominante en él es tener el mínimo de su atención fuera de México, no le gustan los viajes ni relacionarse con líderes extranjeros. El año pasado hizo la única gira internacional que se le recuerda. En un variopinto periplo, se reunió con Michelle Bachelet, entonces presidenta de Chile; Lenin Moreno, mandatario de Ecuador y también, en Reino Unido, con el líder de los laboristas, Jeremy Corbyn. Por último, recaló en España, donde se reunió con Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, la región donde nació el abuelo de López Obrador.  Uno de los mayores exponentes literarios que dio “La Tierruca” de los antepasados de quien se hará cargo de la presidencia del país el próximo 1 de diciembre, fue José María de Pereda (1833-1906), novelista del periodo realista cuyas obras transcurren -en su mayoría- en Cantabria y exaltan e idealizan las costumbres del pueblo frente a las urbanas. ‘Escenas montañesas’, ‘Sotileza’ y ‘Peñas arriba’ son tres de sus obras más afamadas, donde no faltan claves ancestrales que ayudan, en parte, a explicar la idiosincrasia del líder izquierdista mexicano, líder de Morena, referente histórico mexicano.

“La mejor política exterior será una política interior fuerte”, ha repetido hasta la saciedad el líder de Morena, al igual que ha insistido en que no es partidario de injerencias en países extranjeros, cuando se le ha preguntado por su opinión sobre la crisis que azota a Venezuela. En el último año y medio, el Gobierno de Peña Nieto ha encabezado las críticas al autoritarismo de Nicolás Maduro en América Latina, recuperando, en cierta manera, un liderazgo que México había dejado de lado desde los procesos de paz en Centroamérica. No da la impresión de que López Obrador vaya a seguir ese camino, no tanto por sintonía política con Maduro, algo que cada vez resulta más lejano, sino por su convencimiento de que debe cambiar a México primero.

 

Jekyll, Hyde, Twitter y Facebook, una segunda personalidad, gracias a Jack Dorsey y Mark Zuckerberg

El desdoblamiento de personalidad es uno de los argumentos universales, esos que están tan arraigados en la historia de cada uno y en la historia de todos nosotros que apenas podríamos explicar la historia de la civilización sin ellos. Pero nunca ha sido tan cierto como hoy que casi todos los seres humanos somos, simultáneamente, dos personas. Y con el ya aparentemente imparable avance de los sistemas de realidad virtual para consumo masivo, como es el caso de Oculus Rift, Playstation VR o Daydream View, cada vez lo seremos más. Una de ellas es la que siempre ha existido, desde el comienzo de los tiempos, y es ese yo de carne y hueso que tiene familia y amigos, que trabaja y descansa, y que ama u odia. Y la otra es la que nació aproximadamente en 2004, que es el año en que se fundó Facebook. Desde entonces, casi todos tenemos una segunda personalidad. Si no en Facebook, en Linkedin, en Instagram o en cualquier otra red social. Es el caso de Twitter de Jack Dorsey, lanzada en el 2006.

La presentación en directo que realizó Mark Zuckerberg en Oculus Connect recientemente ha dejado claro que, con estos avances, más tarde o más temprano, vamos a tender a creer que esa otra personalidad nuestra, que vive en el mundo virtual, es más real de lo que se podría pensar. Es verdad que ese otro personaje es también nosotros, pero desde luego es una versión muy mejorada. Hoy casi nadie sube fotos malas a su perfil en las redes sociales, nadie dice que su pareja le engaña, y desde luego es poco frecuente ver que alguien comparte que le ha salido un herpes o que sufre trastornos intestinales. En la vida de Instagram, Linkedin o Facebook todo es colorido, nuestra actividad es incesante, somos divertidísimos o profundos, y nuestras fotografías nos revelan como personas seductoras, misteriosas o arrebatadoras. Es cierto que, a diferencia de la historia de Jekyll y Hyde estas dos personalidades no representan el bien y el mal, pero en el resto de características es sorprendente el paralelismo que existe entre el relato de Stevenson y nuestra propia vida.

En primer lugar, nosotros, como el Dr. Jekyll, escogemos voluntariamente crear un segundo personaje en las redes sociales. No es algo sobrevenido ni a lo que nos haya forzado imposición alguna. Lo hacemos porque nos apetece y, como en el caso de la transformación del científico en su otro yo, es un proceso laborioso que ha conllevado esfuerzo por nuestra parte. En segundo lugar, nuestro doble en las redes sociales, como también ocurre en la historia de Stevenson, representa lo que querríamos ser. Siempre nos mostramos más guapos, más simpáticos, más aventureros, e incluso más interesantes o inteligentes. De hecho, un estudio con estudiantes universitarios comprobó que si simplemente dedicaban tres minutos a observar su perfil de Facebook se producía un aumento significativo en su autoestima. La tercera coincidencia es la más inquietante de todas porque, al igual que Hyde fue creciendo en poder y al final Jekyll solo podía volver a ser él mismo tomándose un antídoto, cualquiera puede comprobar que nuestra vida digital cada vez tiene más importancia e influencia en nuestra vida real.

Jesús Alcoba, director de la International Graduate School of Business de la Universidad de la Salle, en una columna periodística titulada ‘Jekyll, Hyde y Facebook’ planteaba que quizá deberíamos pensar más en nuestra persona real que en la virtual y, por ejemplo, en cuidar más la salud de nuestro cuerpo físico en lugar de resistir la tentación de cuidar la apariencia de nuestro cuerpo virtual… “O reflexionar más acerca de cómo crecer personalmente o profesionalmente, en vez de representar una vida personal o profesional que no vivimos, o al menos no exactamente como la relatamos. Sin embargo, la pregunta que desvelan los crecientes avances en realidad virtual no es si deberíamos dedicarnos más a nosotros mismos en lugar de hacer crecer más nuestra otra personalidad. La pregunta más importante ni siquiera es si en el fondo nos creemos la imagen que divulgamos en Internet acerca de nosotros mismos, o si el tiempo que le dedicamos es excesivo, o si merece la pena. La pregunta es si tenemos otra opción…”. Jesús Alcoba  no acaba de enterarse que en México tenemos un nuevo presidente, elegido mayoritariamente, quien tiene en su haber un ‘milagro stevensoniano’. Ha sido capaz de transformar al tuitero por excelencia en Estados Unidos, el presidente Donald Trump, el ‘Mr. Hyde’ machacador de los priistas Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray Caso en el ‘Doctor Jekyll’ admirador del líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, desde este pasado 1-J: “Le dije a ‘El Peje’ que algún día sería presidente…”. Esperemos que dure el hechizo.

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