El Bestiario

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

Un general, Wojciech Jaruzelski, era el primer ministro de Polonia. Ante la popularidad creciente del sindicato Solidaridad y de su líder Lech Walesa, impuso el 13 de diciembre de 1981 el estado de sitio. En la retina de los polacos de entonces se conservaba la imagen de su líder de gafas oscuras con otros líderes comunistas, entre ellos, Fidel Castro Ruz. Los ciudadanos de este país, hoy, en la Unión Europea, no tenían episodios de encuentros y desencuentros históricos con los cubanos. No obstante, no sabemos por qué, se corrió el rumor en Varsovia que el ‘golpe de timón’ de Jaruzelski tenía como ‘asesores’ a los mismísimos funcionarios de la Embajada de Cuba. La noticia llegó a los oídos de la inteligencia caribeña…

Hace más de veinte años, en el País Vasco, en el norte de España, surgió la idea de crear una revista con el nombre de ‘El Globo Rojo’. Su director, un ‘loco’, sus redactores, otros ‘locos’, sus fotógrafos, unos ‘locos’ más, sus diseñadores, sus distribuidores, sus expertos en ‘marketing’..., en fin todos, eran consumidores de productos recetados por los discípulos de Sigmund Freud y Jacques Lacan. Pablo Gallastegui era el más joven y el más ‘loco’ de los doctores del Hospital Psiquiátrico de Mondragón. Gracias a él, sin duda alguna, se logró materializar la idea. Compartí muchos de los momentos estelares del ‘magazine’ rompedor en la siempre tradicional sociedad vasca, donde los curas y frailes nunca subieron al coro a gritar “Libertad”, “Libertad”, “Libertad”... como insistía una antigua canción republicana entonada en las filas de los poetas Miguel Hernández y Federico García Lorca, en plena Guerra Civil Española. En sus páginas se hacía un encantador, delirante y libertario repaso a las noticias locales, nacionales internacionales, pri-mando especialmente estas últimas. ¿Por qué? Muchos de los internados, al igual que los protagonistas de la novela  ‘Las inquietudes de Shanti Andia’ del escritor vasco de la Generación del 98,  Pío Baroja, habían recorrido miles de millas marinas con los barcos atuneros de la flota de Bermeo por las aguas, hoy llena de piratas, cercanas a las Islas Seychelles; otros, habían sucumbido a los encantos ‘pasotas’ de una Ibiza ‘hippy’, segados por la Ley de Vagos y Maleantes de la España de Franco; hay quien sacaba su ‘lana’ bajando al ‘moro’ y subiendo en sus entrañas varios condones repletos de haschish de Ketama, introducidos a golpe de vaselina; otros ‘viajaron’ gratis gracias a los ‘ajos’ (LSD) que se distribuían por doquier en la España de la Transición...

Hablando de ‘ajos’ o ‘estrellas’, una pequeña anécdota, antes de proseguir. En la plaza Unzaga de la ciudad guipuzcoana de Eibar, compartía mesa y tertulia en la cafetería ‘Choko’, con Pablo Gallastegui y con el poeta maldito Leopoldo Maria Panero, autor de ‘Poemas del Manicomio de Mondragón’, y uno de los reporteros de ‘moda’ de ‘El Globo Rojo’. Se nos acercó un joven ‘camello’, ofreciéndonos un ‘viaje alucinante’ con ácido lisérgico. “¿Y si te tomas, que rollo te da...?”, le preguntamos. Presto nos dio una convincente explicación. “Nada, te tomas un ‘ajo’ y te metes un viaje de puta madre. Se te queda el cuello y la lengua paralizados durante más de seis horas...”. El genial Leopoldo María Panero, el “último poeta transgresor” le reclamó ampliar la oferta. “Oye tío, no tienes algo más fuerte. No se algo que te de una trombosis que te deje paralizado al menos medio cuerpo o más... Eso sería la hostia...”. El ‘camello’ desapareció ante la contundente oferta de Panero. Este no dejó de loar las dotes comerciales del vendedor de LSD. “Este tío sería capaz de vender una radio que no se oyera nunca, una televisión sin pantalla funcionando, un reloj que no diera las horas... Es increíble que ninguna de las empresas que ponen a diario sus anuncios en la prensa demandando comerciales no haya dado con este genio...”.

 

Poema del maldito Leopoldo María Panero dedicado a la heroína, al ‘jaco’, al ‘caballo blanco’ por el que galopó libre por las tierras de España

El joven Leopoldo María, al igual que tantos descendientes de los prohombres del régimen franquista, se sentía fascinado por la izquierda radical. Su militancia antifranquista constituiría el primero de sus grandes desastres y le valdría su primera estancia en prisión. Tenía una formación humanista, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid y Filología Francesa en la Universidad Central de Barcelona. De aquellos años jóvenes datan también sus primeras experiencias con las drogas. Desde el alcohol hasta la heroína, a la que dedicaría una impresionante colección de poemas, ninguna le es ajena. En los años 70 es ingre-sado por primera vez en un psiquiátrico. Sin embargo, sus constantes reclusiones no le impiden desarrollar una copiosa bibliografía no sólo como poeta, sino también como traductor, ensayista e incluso narrador. A finales de la década de los 80, cuando por fin su obra alcanza el aplauso de la crítica entendida, se decide ingresar de manera permanente en el psiquiátrico de Mondragón. Sin embargo, casi diez años después se establecería, por propia voluntad, en la Unidad Psiquiátrica de Las Palmas de Gran Canaria. ‘El Globo Rojo’ perdió a una de sus mejores ‘plumas’. La vida de este poeta y su entorno familiar siempre ha desatado curiosidad en el ámbito cultural español, como muestra la película de Jaime Chávarri, ‘El desencanto’, un documental realizado en 1976, poco después de la muerte de Franco, que refleja cómo era su familia, en plena desintegración del franquismo, acomodada e intelectual, pero también: desmembrada, autoritaria y en la que la figura de su padre pesaba aún con su ausencia.

De aquel encuentro en Eibar, todavía conservo un poema de Leopoldo María Panero, dedicado a la heroína, camuflada con los primeros vientos de libertad que estrenaba la Euskadi y la España de entonces y con el último LP de Lou Reed donde dedicaba su canción estelar al ‘caballo’, al ‘jaco’, ‘Perfect Day’. Lou Reed, nacido en Nueva York, padre del rock alternativo, se adelantó a su tiempo en la elección de algunos temas. La música popular no se pondría a su altura hasta la aparición de los punks, entre mediados y finales de los años 70 del siglo XX. Incluso entonces sus canciones eran únicas: ya fuese entre guitarras distorsionadas o suavemente melódicas, Reed cantaba sobre las co- sas desasosegantes, o incluso sórdidas, que otros letristas no trataban. “Walk on the Wild Side” era un saludo irónico y gráfico a los inadaptados, chaperos y travestis en la Factoría de Andy Warhol...Volvamos al poema ‘Heroína’ del más famoso reportero, columnista y editorialista que tuvo ‘El Globo Rojo’, Leopoldo María Panero... “El diamante es una súplica/que tú inyectas en mi carne/el sol asustado huye/cuando eso entra en mi vena./De mujeres y saliva/sólo está hecha la vida:/la heroína es más que el ser/y algo que a la vida excede./Que estoy vencido lo sé/cuando el veneno entra en sangre/el triunfo es una burbuja/me deshará la mañana./Si el ciervo asustado huye/es que en el bosque ha su casa/así buscas en tu brazo/un lago donde esconderte./Contar ciervos en el llano/es deporte de poeta/de hombre es buscar avaro/ placer en una cuchara,/oro en el excremento/para que el aullido muera./Un fauno y una derrota/mujeres y algo de música/y el sueño de algún efebo/es cuánto de mí sé/y que ahora la heroína/convierta en nada y en polvo./Todo ciervo sabe morir/pero que al hombre le cuesta/lo sabe el lento dibujo/de la aguja por mis venas./Lento humo de cucarachas/así el orgullo se muere/pálido porque entre el polvo/de la cuchara lea mi destino./Antiguos sapos he buscado/en el océano infinito/la aguja muerde y hace daño/ tengo cactus en los brazos./El jaco es una ramera/que susurra en la oscuridad/en mis manos, cuando me pico/ cae el cabello de una mujer./Como las alas de la nada se mueven entre el bosque/así el viaje de mis dientes por entre los cuerpos vivos/así como una ramera que se arrodilla en la noche/el rezo de una aguja en la violencia del cuerpo./La aguja dibuja lenta/algún ciervo entre mis venas/cuando el veneno entra en sangre/mi cerebro es una rosa./Como un viejo chupando un limón seco/así es el acto poético./ El caballo con su espada/divide la vida en dos:/a un lado el placer sin nada/y al otro, como mujer vencida/la vida que despide mal olor”.

 

“Dejad que el Espíritu descienda y renueve la cara de esta tierra”, consigna papal de Juan Pablo II para los cambios democráticos

Sigamos con ‘El Globo Rojo’. Todos sus redactores, entre ellos Panero, escribían, sabedores que su revista tenía en su haber una libertad que para sí quisiera cualquier periodista de La Jornada, El Universal, Milenio, Proceso, El País, El New York Times, Le Monde... Este espíritu de libertad permitía contar historias mágicas en este ‘fanzine’ donde la ficción superaba a la realidad, donde la locura era sinónimo de libertad o muerte... Nos trasladamos, ‘viajamos’ sin lisérgico alguno, hasta la capital polaca, Varsovia, a principios de los años ochenta del pasado siglo, en los prolegómenos de la desaparición de la Unión Soviética. Entre los protagonistas de la historia, unos cubanos, nada menos que los integrantes de la Embajada Cuba... Un general, Wojciech Jaruzelski, era el primer ministro de Polonia. Ante la popularidad creciente del sindicato Solidaridad y de su líder Lech Walesa, impuso el 13 de diciembre de 1981 el estado de sitio. La visita de Juan Pablo II a su país natal en 1979 brindó apoyo al incipiente movimiento Solidaridad, e impulsó el crecimiento del fervor anticomunista. El Papa celebró una misa en la Plaza de la Victoria (o Plaza Piłsudski) en Varsovia y concluyó su sermón con un llamado a “renovar la cara” de Polonia: “Dejad que el Espíritu descienda y renueve la cara de esta tierra”. Estas palabras tuvieron un gran impacto en los ciudadanos polacos, que lo entendieron como un incentivo para los cambios democráticos. Aquel gesto de hace treinta años le iba a costar muy caro. Lech Walesa, premio Nobel de la paz no se lo perdonó. El 31 marzo de 2006 en general Jaruzelski fue acusado de “crimen comunista” y condenado a 8 años de prisión por haber implantado la ley marcial en 1981.

No sabemos por qué se corrió el rumor en Varsovia que el ‘golpe de timón’ de Jaruzelski tenía como ‘asesores’ a los mismísimos funcionarios de la Embajada de Cuba. La noticia llegó a los oídos de la inteligencia caribeña y sobre todo la consigna lanzada por el sindicato católico de asaltar la sede diplomática del Caimán Verde. Los habaneros, santiagueros, pinareños, camagüeyanos… comenzaron a tomar posiciones. Por aquellos días visitaban Polonia varios miembros del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Años después, miembros de este departamento como Alberto Rodríguez Arufe, Julio A. Alfonso, Alfredo León..., los confirmarían en una tertulia que siguió a una comida en la playa de La Puntilla de Santa Fe, junto a la Marina Hemingway, en plena Habana, lo acontecido en aquellos días turbulentos en Varsovia.

 

La sede diplomática cubana estaba repleta de latas de casquitos de guayaba de la fábrica de conservas ‘Conchita’ de Pinar del Río

El nerviosismo era palpable en la Embajada de Cuba. No era para menos. Miles de polacos cabreados, bendecidos por el mismísimo Juan Pablo II, para algunos ‘el intelectual de la caída del comunismo’, parecían dispuestos a hacer desaparecer la pequeña parcela caribeña de las calles de Varsovia. La sede no estaba al ras del suelo, sino en una altura de un tercer piso. Tras reunir las dos o tres armas cortas reglamentarias, alguien propuso el reunir junto a las ventanas todo aquello que pudiera ser lanzado contra la cabeza de los asaltantes. Las tres o cuatro grapadoras, varias sillas, papeleras..., no daban para resistir mucho tiempo. Varias botellas de ron Havana Club, cajas de puros habanos..., se incorporaron a la ‘munición’. Los compañeros  recién llegados de La Habana se sumaron a la operación. El jefe de la comitiva hizo referencia a un contenedor de 40 pies ‘aparcado’ en el patio de la Embajada, cerrado a cal y canto. ¿Qué hay ahí?, preguntó. “Hay latas de casquitos de guayaba de la fábrica de conservas ‘Conchita’ de Pinar del Río, que no han podido ser comercializadas en el mercado polaco. Los responsables de comercio interior las rechazaron pues argumentan que tienen mucho contenido de plomo en torno al cierre de las latas... Hay que abrir el contenedor y apiñar las latas...”. La unidad cubana volvió a imponerse en aquellos momentos perturbadores para la Revolución Cubana. Quien les iba a decir a los compañeros que aquellas latas de “Conchita” podían salvarles la vida. 

La munición no podía ser más natural y ecológica: cortezas de guayaba caribeña, ‘almibaradas’ con el mejor azúcar del mundo. En plena euforia, uno de los presentes hizo obligada referencia a los ‘yanquis’. “No os olvidéis que si se lanzan esas latas, hay que intentar que no se abra ninguna. Los casquitos son esquirlas en toda regla, los Estados Unidos, enseguida van a acusarnos en sus medios de comunicación de que Cuba está utilizando una nueva arma bacteriológica...”. Lo que se podía armar podía pasar a los anales de la historia de la ‘Guerra Fría’...

 

Una guayaba en miniatura crece a las márgenes del río Cuyaguateje, en el Occidente de Cuba, del Río, elaborándose el licor  ‘Guayabita del Pinar’

Las guayabas (Psidium) son un género de unas cien especies de árboles tropicales y árboles pequeños en la familia Myrtaceae, nativas del Caribe, América Central, América del Norte y América del Sur. Las hojas son opuestas, simples, elípticas a ovaladas, de 5 a 15 centímetros de largo. Las flores son blancas, con cinco pétalos y numerosos estambres. La fruta es comestible, redonda o en forma de pera. Tiene una corteza delgada y delicada, color verde pálido a amarillo en la etapa madura en algunas especies, rosa a rojo en otras, pulpa blanca cremosa o anaranjada con muchas semillitas duras y un fuerte aroma característico. Es rica en vitaminas C, A, B, además tiene beneficios nutritivos. En España Las guayabas se cultivan comercialmente en la Costa del Sol malagueña, siendo introducidas a mediados del siglo XX. Las guayabas están proliferando actualmente, ya que siendo cultivos de altos beneficios están sustituyendo poco a poco los cultivos tradicionales como el chirimoyo o los cultivos cítricos. La guayaba es una fruta muy apreciada comercialmente en Colombia ya que puede utilizarse en multitud de preparaciones, como jugos, dulces y néctares siendo parte importante de la gastronomía y cultura colombianas. Colombia es uno de los mayores productores de guayaba del mundo, sin embargo su producción no es exportada debido a la enorme demanda interna de esta fruta. Esto motivó a varios productores a realizar injertos con pera, para producir la famosa guayaba-pera, de tamaño más grande, cáscara más gruesa y de color verde, pulpa amarillenta y más dura, aunque el sabor no varía demasiado. En Colombia es muy común consumir esta fruta en jugo o directamente sin mondar (quitar la cáscara). El ‘bocadillo’ es un dulce que se prepara con guayaba muy madura y panela (de caña de azúcar), a base de cocer ambos en agua a fuego lento y removiendo, hasta que el agua se evapore (similar a la preparación de arequipe y de caramelo). Termina siendo de contextura gruesa un poco chiclosa, un poco semejante al dulce de membrillo. Su sabor es muy dulce y agradable y color rojo; el color, consistencia y el sabor pueden variar de acuerdo con diversos factores como la variedad de guayaba y el método de preparación. Tiene la particularidad de ser cortado en rectángulos gruesos y envuelto en hojas de bijao secas color castaño claro, lo que le da una presentación muy étnica, agradable e inconfundible, aunque en algunas regiones es envuelto de hojas verdes de plátano como un tamal. Las principales ciudades productoras de bocadillo son Cali (Valle del Cauca), Moniquirá (Boyacá), Barbosa y Vélez (Santander), aunque es en esta última donde se mantiene como tradición de varios siglos, por lo cual tiene un reconocimiento nacional, ya que se dice que no hay bocadillo como el veleño. La capital mundial de la guayaba es Guavata (Santander) un municipio muy aledaño a Vélez, el cual es unos de los mayores productores de guayaba debido a las grandes plantaciones de guayaba existentes en la región.

La producción guayabera en México se da fuertemente entre Calvillo y Cañones, que se ubican entre los estados de Aguascalientes y Zacatecas respectivamente. También se produce en el oriente de Michoacán, es decir en Zitácuaro, Jungapeo, Juárez, Tuxpan y Tuzantla, y en la región sur del Estado de México Coatepec Harinas, Temascaltepec y Zumpahuacán, Sinaloa en todo el estado en forma local. También se encuentran al sur del país en el estado de Chiapas, en los municipios de Tonalá, Tuxtla Gutierrez y Pijijiapan. En Cuba se acostumbra consumirla como fruta y también en postres, tales como los casquitos de guayaba, mermelada y en dulce o pasta, este último postre ha alcanzado gran popularidad en mercados internacionales. También se utiliza una variedad de guayaba en miniatura que crece a las márgenes del río Cuyaguateje en la provincia de Pinar del Río en la elaboración de vino y licores bien conocida como ‘Guayabita del Pinar’, no tan letal como los casquitos de guayaba en almíbar de ‘Conchita’. La contrainteligencia de Solidaridad, al parecer, tuvo conocimiento de la ‘Operación Casquitos de Guayaba Conchita, y ordenó suspender el asalto a la sede diplomática caribeña. Los espías de Lech Walesa desconocían el término ‘guayaba’. No había entonces Wikipedia ni demasiados libros para consultar en las estanterías del KGB polaco.

 

Después de treinta años nadie que estaba en misión diplomática en Varsovia ha vuelto a comer casquitos de guayaba

El general Jaruzelski tenía bien controlada la situación y sus camaradas de armas del Ejército y su complicada policía política desbarataron el asalto. Decimos complicada, basándonos solamente en un dato, el nombre del Servicio de Seguridad del Ministerio de Asuntos Interiores: Słuzba Bezpieczenstwa Ministerstwa Spraw Wewnetrznych. Hay quien dice que los cubanos se encargaron de filtrar la noticia de su nueva arma, ‘casquitosdeguayabaconqueso’, un nombre también demasiado largo y difícil de pronunciar y de entender hasta para los filólogos locales de español. Los polacos se habían dejado llevar, por algunas horas, por la creencia popular de que los cubanos y sus agentes estaban siempre metidos en todos los ‘fregados’ de gringos y ‘bolos’ (soviéticos). Transcurridas varias horas, la Embajada de Cuba, convertida en un bunker, decidió transformar sus dependencias en lo que siempre fueron, simples oficinas y salones de reuniones. Una pregunta se imponía: ¿Qué hacer con los casquitos de guayaba, que a pesar de su exceso en plomo, podía servir de ingrediente clave de un buen postre para aquel gélido invierno de la Europa Central, acompañados de un buen queso Gouda? La presión psicológica de los presentes fue tal que el embajador dio su ‘placet’ para abrir aquellas latas y promover los casquitos de guayaba con queso, un postre obligado en los mejores restaurantes de La Habana hoy en día: Tocororo, Aljibe, Floridita, Bodeguita del Medio, Polinesio, Barracón...

Ninguno de los protagonistas de aquella gesta anunciada, treinta años después, nos reconocían, han vuelto a comer casquitos de guayaba. Los cubanos no pudieron con todas aquellas interminables latas de la fruta en almíbar. No sólo ellos sufrieron el hartazgo de la ‘munición roja’. Que se lo pregunten también a los integrantes del cuerpo diplomático acreditado en Polonia, por entonces. Era algo usual que los diplomáticos se acercaran bajo cualquier pretexto a la sede cubana, donde casi siempre salía uno con su ron y sus puros, bien resguardados en sus maletines diplomáticos de cuero. El ron, en algunas ocasiones, y los habanos, en otras, cedieron un puesto a las latas de la ‘Conchita’, que nunca se acababan... Disminuyó en apenas una semanas la presencia de otros diplomáticos, quienes, por aquello de las ‘maneras’ de las relaciones internacionales, se veían impotentes ante tanta guayaba, una fruta olorosa y fuerte para los estómagos e intestinos de europeos demasiado ‘fresas’. Tampoco podían arriesgarse -quien les decía que todo el mundo estaba hasta el gorro de aquellas latas de ‘Conchita- a una ‘bronca’ diplomática con los cubanos, que tenían por entonces un papel protagónico, como lo tienen desde el 1 de enero de 1959 hasta la fecha de hoy, en las ‘cosas’ del querer internacional. El nuevo presidente morenista que tendrá México viajará a La Habana, a partir de diciembre de este año. Nos imaginamos que Andrés Manuel López Obrador no regresará al país sin haber probado los ‘obligados’, diplomáticamente hablando, casquitos de guayaba y queso. Los americanos no quieren ese acercamiento entre Cuba y México. Estarán investigando ya qué hacer ante tanta ofensiva diplomática cubana. Su sorpresa va a ser mayúscula cuando sepan que una de las claves es ni más ni menos que la olorosa guayaba caribeña. Hace treinta años, la guayaba jugó un papel primordial en la Varsovia de Jaruzelski; en unos meses, el escenario será otro: La Habana. La ‘diplomacia de los casquitos de guayaba’ se impone.

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