El Bestiario

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel y el ‘juglar’ del ‘Caminante no hay camino’ de Antonio Machado regresaron meses atrás a México y en su presentación llamaron a los mexicanos a enfrentar a Donald Trump y a sus gobernantes en las calles. “En este mundo hay gente que prefiere los muros a los caminos”, manifestaba a los periodistas mexicanos el cantautor y poeta español y catalán. En unos meses se cumplirá medio siglo de su estatus de exiliado en tierras mayas, tras criticar a Francisco Franco por fusilar a cinco jóvenes. Un 11 de febrero de 2014, los cancunenses recibimos una bocanada de libertad con los versos de amor mojados de su ‘Mediterráneo’…, casi nada. El Mare Nostrum que acogió al faraónico Egipto, sus pirámides de Giza, sus piedras Rosetas ‘robadas’ por franceses, ingleses y alemanes, principalmente, los nuevos ladrones de tumbas, y momias guardadas en el Museo de la revolucionaria plaza de Tahrir, envidiosas del mimado Tutankamón, y su biblioteca de la hermosa y robusta Alejandría; a Grecia y su Partenón, Homero y su Odisea e Ilíada, sus Sócrates, Platón y Aristóteles; a Roma, su Coliseo y su derecho y sus Cicerón y Julio César; a Marruecos, Túnez, Argelia y sus bereberes, sus ciudades imperiales como Fez y Marraquech, y sus sopas, hariras y pastelas, tajines y cous-cous, mechouis, jugos de naranja y sus turrones de corne de gazelle, en su plaza de Yamaa el Fna…

Llegaron a las tablas del Auditorio Nacional de México, ataviados con chamarras de cuero y playeras negras, dispuestos a hablar de sus conciertos. Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Miguel Ríos y Víctor Manuel regresaron a la capital mexicana con la gira que fue capaz de llenar la Monumental hace 20 años. En su presentación se les cruzó Donald Trump y su llegada al poder de la Casa Blanca, en los Estados Unidos y la indignación mexicana. Frente a ello, Ana Belén hizo un llamamiento a la resistencia y Serrat apuntó que “desgraciadamente hay gente que prefiere los muros a los caminos”. Después de su gira de aniversario por España y Colombia, llegaron a México. “Sentimos que las canciones que cantamos son el hilo emocional de muchas vidas, de mucha gente y eso es una recompensa extraordinaria”, reconoció Miguel Ríos. Y añadió jocoso: “Dejé la residencia de la tercera edad, me acogieron ellos muy amablemente y es como estar en el recreo otra vez, como salir a jugar con los amigos a los que tanto quiero y respeto”. “México ha significado siempre nuestra casa. El agradecimiento que siempre hemos tenido a este país, a su generosidad desde que acogió a tantos exiliados españoles, al ser absolutamente firme en la defensa de esas ideas y lo que significaban esas personas. Desde que puse los pies acá siento un agradecimiento absoluto”, insistió Ana Belén, reconocida con un Goya de Honor por su trayectoria también como actriz. La intérprete española fue la que comenzó hablando del nuevo inquilino de la Casa Blanca, evitando pronunciar su nombre: “De repente, nos encontramos con una situación en el mundo. Ustedes la viven porque están aquí al lado, pero son demasiados toques los que se están dando en diferentes partes del mundo, también en Europa. Esto nos sirve para que estemos alerta y con muchas ganas de resistencia, que también lo estamos”.  

 

“Lo interesante es que sea la gente la que le dicte qué hacer a sus gobernantes, no es votar una vez cada seis años, es votar todos los días”

“Resumiendo, lo que han decidido 60 millones de estadounidenses es regalarle una navaja de afeitar a un chimpancé”, intervino, sin los miramientos de su esposa, Víctor Manuel. Miguel Ríos añadió enfático: “Esto de que voy a hacer un muro y lo van a pagar ustedes es como si yo digo que voy a hacer un disco, para destrozarlo, con canciones de Alex Lora y encima lo va a pagar él. Si no fuera tan dramático, sería una gran chorrada…”. “Estupidez”, tradujo al momento Serrat. Los cuatro artistas coincidieron en que la resistencia tiene que comenzar “en la calle”. Como demostraron los mexicanos este pasado Primero de Julio, con la elección de Andrés ‘Manuelovich’ López Obrador “Lo interesante es que de pronto sea la gente la que le dicte qué hacer a sus gobernantes. No es votar una vez cada seis años, es votar todos los días”, anotó Ríos. Y remató: “Si no decimos lo que no queremos por nuestra propia dignidad, vamos muy mal. Nuestra respuesta tiene que ser todavía mucho más dura y más valiente. Y decirles: Oiga, en mi hambre mando yo”. 

Durante su presentación de la gira en la Ciudad de México casi no se habló de su espectáculo, que nació por la reedición del disco de aquella gira de 1997 que recogía los éxitos de todos ellos, parte de la banda sonora vital de miles de españoles y latinoamericanos. Desde el famoso ‘Bienvenidos’ (de Ríos), pasando por ‘Solo pienso en ti’ (de Víctor Manuel), ‘Contamíname’, ‘Penélope’, ‘La puerta de Alcalá’ o ‘Mediterráneo’ (que Serrat ha convertido en un símbolo contra la crisis de refugiados en Europa). ¿Y qué iban a hacer en su espectáculo? “Le mentaremos la madre a Trump. Y ya está”, exclamó burlón Miguel Ríos. Serrat quiso precisar: “La sorpresa del show es que sigamos vivos, a nuestra edad, Y en perfecto estado de revista”.

 

Entonces, aquel chavillo de 26 años aún no sabía que aquí al pavo le dicen el guajolote; a la rubia, la güera; y a la bañera, la tina

Era el 2 de noviembre, Día de Muertos, de 1969. En la enorme capital mexicana se había inaugurado el metro hacía poco más de un mes. Y en un escenario abarrotado actuaba, por primera vez en el país, un joven cantante a punto de cumplir los 26. Entonces aquel chavillo aún no sabía que aquí al pavo le dicen el guajolote; a la rubia, la güera; y a la bañera, la tina. Pero lo fue aprendiendo poco a poco, a medida que se enamoraba de las canciones de José Alfredo, de Crí Crí o de Álvaro Carrillo. Y de todo un país “que baila con la muerte, que hace pasteles con la tierra y se los come”. El 11 de febrero del 2014, ofreció un concierto en el teatro de Cancún. Por entonces escribí esta columna…

Estos días, con 70 años cumplidos y 50 sobre los escenarios, Joan Manuel Serrat ha vuelto a triunfar en el mismo escenario y ante el mismo público. En realidad, su público y su escenario, el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, repleto en sus cuatro actuaciones con las entradas vendidas sin apenas publicidad desde unas semanas antes. “Esta también es mi casa. Gracias por compartir esta tarde. Da pena saber que mañana vendrán y no van a encontrar. No me olviden nunca”, dijo en el concierto del pasado domingo con el que se despedía de la capital mexicana antes de iniciar una gira por todo el país. Este próximo martes, 11 de febrero, actuará en el Teatro de Cancún.

El flechazo entre Serrat y México tiene fecha: aquel Día de Muertos. Pero la historia de amor entre el cantante y su público se cimentó algo después y sobre un hecho amargo. En septiembre de 1975 el agonizante pero aún implacable franquismo dio uno de sus últimos coletazos con el fusilamiento de tres militantes del FRAP y dos de ETA acusados del asesinato de varios miembros de las fuerzas de seguridad. El cantante, entonces de gira por México, condenó las ejecuciones. Y el gesto no le salió gratis: el régimen dictó una orden de búsqueda y captura y lo condenó a un exilio de más de un año.

 

Serrat no podía volver a España. Y no era bienvenido en otros países del continente, como el Chile del dictador Augusto Pinochet

Cuando la ejecución de los cinco restantes se lleva a cabo Serrat se encuentra en México y en rueda de prensa condena al régimen franquista y las medidas represivas. Además se solidariza con la postura del presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, que había mantenido la postura mexicana de reconocer sólo al gobierno de la Segunda República Española en el exilio. A raíz de estas declaraciones tiene que exiliarse durante un año en México, debido a la orden de busca y captura que se emite contra él. Además, tal y como ya había ocurrido en 1968, sus trabajos son retirados y censurados por el régimen. Especialmente afectado se ve su recién estrenado disco ‘Para piel de manzana’.

Durante su estancia en México no puede componer canción alguna. De hecho, el disco que edita al año siguiente no es más que el término de un proceso ya anterior. Realiza una gira con sus músicos por todo el territorio mexicano ofreciendo recitales a bajos costos. Serrat ha confesado que aquel fue un periodo muy duro de su vida, pues vivía en la constante desazón de no saber si mañana volvería a su tierra o nunca ocurriría el retorno. También de esta época son sus canciones más combativas. Aunque no compone se sirve de las composiciones de otros cantautores o musicaliza poesías de otros poetas que sirven para expresar la postura combativa que en esos momentos de precariedad postulaba. Existen grabaciones no oficiales donde Serrat canta ‘Mazúrquica modérnica’ de Violeta Parra, ‘La poesía es un arma cargada de futuro’ o ‘La vida no vale nada’, entre muchas otras.

No realiza gira por toda Latinoamérica pues ya algunas dictaduras le habían negado la entrada tácitamente, como la de Chile, cuyo presidente golpista traidor y derrocador de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, fue el único mandatario que acudió al funeral del ‘Generalísimo’ de Latinoamérica. De Europa solo asistió el ex sindicalista de Solidaridad, Lech Walesa, de Polonia.

 

Titiriteros, evocando imágenes de aquella época neorrealista de ‘La Strada’ de Federico Fellini, con Anthony Quinn y Giulietta Masina

En 1977 publica el disco-homenaje al poeta catalán Joan Salvat-Papasseit titulado ‘Res no és mesquí’ (Nada es mezquino), con arreglos del músico Josep Maria Bardagí. Eso, en el marco de un regreso a una España indecisa y enrarecida tras la muerte del dictador Franco. Lo hace con miedo, pues al no haberse promulgado aún la amnistía, existe posibilidad de que sea apresado y enjuiciado. Afortunadamente, nada ocurre y Serrat se reincorpora tímidamente a la vida pública de su país. En 1978 contrae matrimonio con Candela Tiffón y un año después nace su hija María y graba su disco de título ‘1978’. Finalmente, gracias a la promulgación de la ley de amnistía ese año, durante el gobierno de Adolfo Suárez, pierde el miedo y participa activamente en campañas políticas en favor del PSOE. En 1980 edita su disco ‘Tal com raja’ (traducido al español, se lee ‘Tal como sale’). Muere su padre, Josep Serrat, lo que significa un duro golpe en su vida personal.

Haciendo de la necesidad virtud, el cantante emprendió una gira de nueve meses por todo México, un viaje delirante en autobús, casi de titiriteros- evocan algunas imágenes de aquella época neorrealista a La Strada de Federico Fellini, con Anthony Quinn y Giulietta Masina- que arrancó en Tijuana y concluyó en Cancún, con actuaciones en los auditorios más elegantes y en pueblos donde apenas había llegado el asfalto. A aquel autobús se le bautizó como La Gordita, el sobrenombre de una de sus ocupantes, María Elena Galindo. “Todo el mundo me llama así. Y así se llamó el autobús”, cuenta 44 años después. Galindo conoció a Serrat durante su primer viaje a México y trabó con él una “amistad incondicional”. “Ni me enamoré nunca de él, ni fui su fan”, aclara. Y asegura que es la persona a la que más quiere del mundo aunque curiosamente no conserva ni una sola foto de ambos.

 

“Íbamos a tocar por detrás de un establo de vacas se fue la luz, un señor pegó dos tiros al aire para que la gente se sentara y esperara”

En La Gordita viajaban veinte personas: los músicos, sus esposas y hasta algunos niños. Hubo días felices y otros de nostalgia. En todas partes conocían sus canciones, también los campesinos. Y los recuerdos más vivos de aquella gira demencial corresponden precisamente a las actuaciones, a bajo costo, en las localidades más humildes. “Una vez, en un pueblo donde íbamos a tocar por detrás de un establo de vacas se fue la luz. Y cuando ya todos se levantaban un señor pegó dos tiros al aire para que la gente se sentara y esperara”, evoca Galindo. Otro seguidor de Serrat desde sus primeras actuaciones en México es el crítico musical Enrique Blanc. Melómano sin remisión, desde muy joven su única cita obligada cada año era escuchar al cantante catalán en el teatro Degollado de Guadalajara. Blanc se quedará siempre con aquellos conciertos íntimos de un Serrat elocuente que platicaba con su público. “Con Mediterráneo nos hizo imaginar un mar en la distancia, pero acercado a nuestra geografía por su fuerza poética”, cuenta. “Tiene una audiencia cautiva en toda América Latina porque fue uno de los primeros poetas de la canción que vino a compartir con nosotros su lenguaje musical de gran altura. Y gracias a él descubrimos la musicalidad de un idioma que desconocíamos, el catalán”.

México ha sido así destino imperdible de todas las giras de Serrat por América. En ocasiones, por compromiso, en el sentido más noble de la palabra, como en 2006 cuando participó en el gran concierto del Zócalo en solidaridad con las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez. Nunca le faltó al cantante el reconocimiento del público y en 2010 sumó también el de su Gobierno, cuando el entonces presidente, Felipe Calderón, le otorgó la Orden Mexicana del Águila Azteca, el máximo galardón destinado a extranjeros.

 

Nacido desde la amargura, en su disco ‘Mediterráneo’, Serrat habló de la libertad. Gracias a él, todos volvimos a nacer... en el mar

Ahora ha regresado para celebrar su medio siglo sobre el escenario con quienes le acogieron cuando ni a su país podía volver. Hasta primeros de marzo recorrerá los Estados de Veracruz, Tabasco, Quintana Roo, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Baja California, Sonora y Chihuahua. Ya no lo hará a lomos de La Gordita: quizás sea un viaje menos romántico, pero será igualmente divertido. Al menos eso pronosticó el cantante en su concierto del pasado domingo en el DF: “Estoy contento de mi oficio, no de mi vida, ni de la vida. Cumpliré 50 años haciendo lo que sé hacer y pasándolo bien. Qué suerte. Hago lo que quiero y encima, me pagan”. Nacido desde la amargura, en su disco ‘Mediterráneo’, Serrat habló para los mexicanos y los españoles que luchaban por librarse del lastre del franquismo, evocador de una Guerra Civil que se inició un 18 de julio de 1936 y no acabó hasta un 20 de noviembre de 1975, de la vida y de la muerte, pero, sobre todo de la libertad. Gracias a él, todos volvimos a nacer... en el mar.

Entre agosto y noviembre de 1971, Serrat escribió las canciones de su cuarto álbum en castellano, “siempre junto al mar”, como explicaría después. El mar: como símbolo de libertad y, a la vez, como hogar. Fue el primer intérprete que proyectó la Nova Cançó en las listas de éxitos con una canción en catalán y el fenómeno de los fans entre Els Setze Jutges. Serrat confirma la aparición de un nuevo modelo de cantante que ha sido enunciada por Raimon y que gracias a él, por su proyección popular, pone el cartel de “No hay entradas” en teatros y auditorios. Desde aquellas primeras canciones ingenuas y de factura naïf, ‘Una guitarra’, ‘Ella em deixa’, la lírica serratiana desembocará en el grito generacional de ‘Ara que tinc 20 anys’ y la adhesión a un paisaje catalán y mediterráneo con ‘Cançó de matinada’. Creaciones como ‘La Tieta’ y ‘Cançó de bressol’ señalan su primer Everest coronado. Como el Bob Dylan de ‘Like’ a The Rolling Stones Serrat ensancha con ambición su horizonte estilístico.

 

Después de Raimon con los versos de Salvador Espriu y Paco Ibáñez con los poetas castellanos, Serrat traslada la lírica de Antonio Machado

Después de Raimon con los versos de Salvador Espriu y Paco Ibáñez con los poetas clásicos y contemporáneos de la lengua castellana, Serrat traslada la lírica de Antonio Machado -siguiendo los pasos de Alberto Cortez- al cancionero popular. Una musicalización de factura descaradamente pop que le reporta las críticas de los más puristas y el agradecimiento del Gremio de Libreros de Madrid por haber colaborado en las ventas de los libros del poeta hasta aquel momento minoritarias. Poetas como Rafael Alberti, Joan Salvat-Papasseit, Josep Carner, J.V. Foix, Mario Benedetti o Miguel Hernández se sumarán progresivamente al álbum serratiano.

El franquismo lo condena varias veces al ostracismo o en su caso al veto televisivo, entre otras prohibiciones, pero la figura de Serrat saldrá siempre victoriosa de los desafíos y censuras. Al otro lado del Atlántico países como Argentina, México o Chile lo acogen como uno de los suyos desde su primera visita a finales de la década de los sesenta. Se le compara con Gardel y se le abren los teatros hasta entonces vetados a la música popular. Durante los años más duros de las dictaduras latinoamericanas las canciones de Serrat se convierten en refugio o botiquín de primeros auxilios para muchos hombres y mujeres. Serrat es el cantor de la esperanza y la libertad.

Serrat cumple setenta años con el aval de ser uno de los intérpretes que ha colaborado en la transformación cultural de un país. La figura de Serrat ilumina estas casi cinco décadas de música popular como la de los grandes creadores que han ayudado a cambiar la sensibilidad de su tiempo y su sociedad. Un cantante y autor, a la vez, culto y popular. Las canciones de Serrat enlazan con la sentimentalidad y argumento de una canción popular española, la copla, y al mismo tiempo, contemporáneas de una canción europea de acento lírico. Es el Serrat que se reconoce en Aznavour y Rafael de León, en Brel y Concha Piquer, en Carlos Gardel y la Chanson francesa. Una cocina melódica que ha acabado dando esa mezcla de sabores irresistibles para una diva como la italiana Mina o una voz como la de Silvia Pérez Cruz.

Su penúltima aventura ha sido a bordo del Titanic y en compañía de otro soñador -también en otro tiempo como él de pelo largo- y ahora de barba canosa. El dúo Sabina y Serrat ya forma parte de la historia y el futuro vuelve a ser una página en blanco para escribir. Quizás es el momento de ir pensando en ese medio de siglo de canciones sobre los escenarios que espera al girar la esquina…

 

‘Mediterráneo’, ‘Lucía’, ‘Pueblo Blanco’, ‘Vagabundear’, ‘Barquitos de papel’, ‘Tío Alberto’, un desafío por sus inequívocos aires de libertad

Por eso también aparece en la portada, tras un apuesto Serrat con trazas de ‘rock star’ retratado por Colita, una de las principales fotógrafas de ‘la gauche divine’ barcelonesa con la que se codeaba el cantautor. Era una época complicada en su vida, ya que sólo un año antes había desafiado al régimen franquista encerrándose con un grupo de intelectuales en el monasterio de Montserrat, en protesta por la condena a muerte de varios etarras en el Proceso de Burgos. ‘Mediterráneo’, sin albergar canciones explícitamente políticas (‘Mediterráneo’, ‘Lucía’, ‘Pueblo Blanco’, ‘Vagabundear’, ‘Barquitos de papel’, ‘Tío Alberto’) supuso otro desafío al status quo por sus inequívocos aires de libertad, pero su enorme popularidad (un año en el top 10 de los más vendidos) hizo intocable a su intérprete.

‘Mediterráneo’ se registró en los estudios Fonit-Cetra de Milán, adonde el sello Zafiro mandaba a sus estrellas (Los Brincos, por ejemplo). “Yo creo que íbamos a Milán por una cuestión de blanqueo de dinero de Zafiro”, comentó Serrat a la revista Rolling Stone: “Digo creo: no quiero un proceso por calumnias. Parecía entonces que todo lo de fuera era mejor, cuando la mayor parte era humo”. El cantante no se pudo permitir muchas distracciones en Milán, pues las grabaciones de aquellos tiempos se limitaban a unos pocos días: “Había que hacer todo en cinco días, grabar bases, cuerdas, voz y mezclar. Se contrataba el estudio por una semana”.

 

‘La, la, la’’ no cantó en Eurovisión, le inmortalizó el que pudo llamarse ‘Observo a los animales’, ‘Amo al mar’ o ‘Hijo del Mediterráneo’

Los nombres de los músicos que tocaron en el álbum no nos han llegado, pero sí los de los dos ‘directores musicales’, cargo fundamental en los discos de la época, que excedía las labores del productor. Fueron Juan Carlos Calderón y Gianpiero Reverberi, dos leyendas. Calderón es uno de los productores con mayor talento de la historia de la música española (Los Brincos, el primer Aute, Dúo Dinámico), y también ha facturado exitosos discos de jazz bajo su nombre. ‘Mediterráneo’ no fue la primera ocasión en la que trabajó con Serrat -antes había hecho, por ejemplo, los arreglos del ‘La, la, la’ que el catalán no llegó a cantar en Eurovisión-, pero en esta ocasión se ganaría la inmortalidad, especialmente por el tema que le da nombre (que, sin embargo, se podía haber llamado ‘Observo a los animales’, ‘Amo al mar’ o ‘Hijo del Mediterráneo’, según los títulos que Serrat consideró).

Cuenta Calderón que ideó un complicado ritmo para la base, un seis por cuatro, “e inventé una base muy interesante con batería, percusión y bajo que no se había hecho hasta entonces. Ese arreglo me costó muchísimo, pero soy un hombre de retos. El ritmo de ‘Mediterráneo’ ha sido patrón para otros después”. Otra de las canciones de las que el director musical guarda recuerdo -aunque no muy bueno- es la deliciosa La mujer que yo quiero, pues escribir sus arreglos fue casi una odisea: “Estuve toda la noche antes de ir a grabar a Italia pasando los arreglos al papel con el copista y tomando unas copas, pero La mujer que yo quiero no la tenía hecha, y la terminé como pude, borracho y estresado, a las 7,30 de la mañana, poco antes de que saliera el avión”.

El maestro Reverberi, el otro director y arreglista, que colaboró en otros álbumes con Joan Manuel Serrat, recuerda que “no hacíamos sesiones muy largas: 10 o 12 horas por día para plasmar cuatro canciones, más o menos”. Hoy, 38 años después, el trabajo hecho en ese vetusto edificio milanés ha alcanzado la categoría de himno extraoficial español, presente en todas las encuestas con ánimo de resumen histórico. Esta revista, sin ir más lejos, decidió en 2006 que ‘Mediterráneo’ era la mejor canción del pop español. “Es querida por la gente y forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones”, dijo entonces Serrat. “Bueno, algo tendrá el agua cuando la bendicen, pero si yo tuviera que elegir una canción elegiría otra”. Pero es que en aquel álbum estaban también, aparte de las mencionadas, ‘Aquellas pequeñas cosas’, ‘Que va ser de ti’, ‘Vencidos’… Un disco irrepetible.

 

Pintaremos los cancunenses de azul nuestras largas noches de invierno, recibiendo una bocanada de libertad, mojados de su ‘Meditarráneo’

Este próximo martes, los cancunenses volveremos a recibir una bocanada de libertad con los versos de amor de este ciudadano catalán, español, mojados de su Mediterráneo…, casi nada. El Mare Nostrum que acogió al faraónico Egipto, sus pirámides de Giza, sus piedras Rosetas ‘robadas’ por franceses, ingleses y alemanes, principalmente, los nuevos ladrones de tumbas, y momias guardadas en el Museo de la revolucionaria plaza de Tahrir, envidiosas del mimado Tutankamón, y su biblioteca de la hermosa y robusta Alejandría; a Grecia y su Partenón, Homero y su Odisea e Ilíada, sus Sócrates, Platón y Aristóteles; a Roma, su Coliseo y su derecho y sus Cicerón y Julio César; a Marruecos, Túnez, Argelia y sus bereberes, sus ciudades imperiales como Fez y Marraquech, y sus sopas, hariras y pastelas, tajines y cous-cous, mechouis y sus turrones de corne de gazelle; a Mali y sus libros ancestrales libros sagrados; a la Libia y sus yacimientos arqueológicos de Al Fayun… Recibiremos en el Teatro de Cancún ese llanto eterno del Mediterráneo que vertieron cien pueblos de Algeciras a Estambul para que pintemos del cancunenses de azul nuestras largas noches de un alucinante y amable invierno…

“Quizás porque mi niñez/sigue jugando en tu playa/y escondido tras las cañas/duerme mi primer amor,/llevo tu luz y tu olor/por dondequiera que vaya,/y amontonado en tu arena/guardo amor, juegos y penas./Yo, que en la piel tengo el sabor/amargo del llanto eterno/que han vertido en ti cien pueblos/de Algeciras a Estambul/para que pintes de azul/sus largas noches de invierno./a fuerza de desventuras,/tu alma es profunda y oscura./A tus atardeceres rojos/se acostumbraron mis ojos/como el recodo al camino./soy cantor, soy embustero,/me gusta el juego y el vino,/tengo alma de marinero./

Qué le voy a hacer, si yo/nací en el Mediterráneo./Y te acercas, y te vas/después de besar mi aldea./jugando con la marea/te vas, pensando en volver./Eres como una mujer/perfumadita de brea/que se añora y que se quiere/que se conoce y se teme./Ay, si un día para mi mal/viene a buscarme la parca./Empujad al mar mi barca/con un levante otoñal/y dejad que el temporal/desguace sus alas blancas./Y a mí enterradme sin duelo/entre la playa y el cielo.../En la ladera de un monte,/más alto que el horizonte./Quiero tener buena vista./Mi cuerpo será camino,/le daré verde a los pinos/y amarillo a la genista./Cerca del mar./Porque yo nací en el Mediterráneo”.

@BestiarioCancun

www.elbestiariocancun.mx

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